Llevamos ya demasiado tiempo dando la espalda, de forma consciente, a muchos de los sucesos de los que hemos sido testigos en los últimos años, sin que nadie o casi nadie haya tratado de ahondar más allá de la verdad oficial que nos han vendido, para dar carpetazo definitivo al tema en cuestión.

Tal vez uno de los últimos asuntos sobre el que nadie nos dio una explicación más o menos razonable y parece ya olvidado o, al menos, oculto tras una impenetrable cortina de gruesa tela, sea al que me voy a referir seguidamente.

Vergonzoso resultó conocer, como una prueba más de la inseguridad jurídica a la que estamos sometidos los españoles de a pie, desde la llegada al gobierno de los social-comunistas, en fechas pasadas, la petición, por parte de la Fiscalía, admitida por el Juez, para el archivo de las actuaciones dimanantes de la visita a España, en el mes de enero pasado, de la Vicepresidente bolchevique/bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, aduciendo que durante su escala en el Aeropuerto de Barajas permaneció, en todo instante, en la zona internacional.

Aun admitiendo la ficción jurídica de la extraterritorialidad de las zonas internacionales de los aeropuertos, circunstancia esta, en cualquier caso, discutible, toda vez que esas zonas, pese a no estar sujetas a controles aduaneros, sí lo están a los que puedan verificarse por razón de seguridad, el asunto no deja de oler, cuando menos, a podrido.

Todas las dudas que puedan surgir para una mejor comprensión de este asunto, podemos encontrarles respuesta en el documentado trabajo “Las zonas internacionales o zonas de tránsito de los aeropuertos, ficción liminar fronteriza” de Alejandro del Valle Gálvez, el que se señala, entre otras cosas, lo siguiente:

“De lo anterior se deduce que las Zonas de Tránsito, estas ficciones liminares, se configuran en el interior del territorio terrestre del Estado, a exclusivos efectos de labores de control de personas y mercancías para asegurar el cumplimiento de la normativa interna, principalmente de policía, seguridad, salud pública, fiscal, aduanera y de inmigración.

Por consiguiente, las Zonas de Tránsito se encuentran dentro del territorio del Estado –territorio delimitado como conjunto exteriormente por fronteras-línea-, y por tanto bajo su plena jurisdicción soberana. Debe rechazarse categóricamente cualquier intento de realizar en estas Zonas una ficción de extraterritorialidad o de aplicar un estatuto extraterritorial 24. Por añadidura, la existencia de un régimen liminar particularizado interno e internacional no desplaza el principio de que las Zonas de Tránsito se encuentran bajo la soberanía del Estado del territorio, siendo aplicable como norma general el Derecho común del Estado”.

Sin embargo, aun dando por bueno el hecho de tratar de justificar que la tal Delcy no se encontraba en territorio español, cosa del todo incierta, quedan muchos aspectos que analizar sobre este extraño suceso.

Se nos ha dicho que, la precitada Delcy realizó una especie de escala técnica en Madrid, siendo cumplimentada en el interior de la aeronave por el Ministro del ramo, José Luis Abalos, que, al parecer, en aquella ocasión concurrió en su calidad de dirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), extraña dicotomía esta a la que son especialmente proclives los socialistas que, como si de un cambio de traje se tratase, ahora actúan como miembros del gobierno y después, según la conveniencia, tan solo como miembros de su partido o incluso personas particulares.

Pero obviemos esta primera parte, incluso si consideremos la falta de lealtad y de cumplimiento de las directrices comunitarias por parte del gobierno español, habida cuenta de la prohibición expresa de la que la precitada vicepresidente bolivariana pise suelo de la Comunidad económica europea

Al parecer, según testigos -incluso aseguran que hay grabaciones al respeto-, la tal Delcy, descendió de la aeronave y se trasladó a la zona VIP de Barajas, acompañada de varias maletas, permaneciendo durante algunas horas entre nosotros, hasta que reemprendió el viaje.

Parece “lógico y razonable” suponer que, cuando alguien hace una escala técnica en un aeropuerto, con una breve duración temporal, descienda del avión con todo su equipaje como si se fuese a quedar en el país donde ha aterrizado el avión de por vida. Sin duda, es lo “más normal” y especialmente en alguien con un cargo de responsabilidad en un Estado -aunque sea de chiste como la Venezuela del Maduro- cuyo equipaje de mano y efectos personales no corren riesgo alguno, aunque permanezcan en la aeronave durante la escala técnica.

La única explicación que podemos encontrar a esta conducta, siendo políticamente correctos, es que, a lo que se ve, la tal Delcy tendría la perentoria necesidad de acicalarse, ducharse y cambiarse de ropa, probando varios vestidos a ver cuál le quedaba mejor, motivo por el cual se vio en la necesidad de desembarcar con todas sus maletas y pertenencias.

Sea de una forma o de otra, lo cierto es que, junto a la precitada venezolana, se encontraba, en todo instante, un asesor del tal Abalos quien, forzosamente, tuvo que ser testigo de estos hechos y, por tanto, conocedor de su desenlace del que, supongo, habrá dado rendida cuenta a sus superiores.

Creo que lo más irrelevante de este asunto es el hecho de que Delcy Rodríguez, llegase o no a entrar en España, lo realmente inquietante es saber, en primer lugar, el motivo por el qué bajó del avión con todo su equipaje, toda vez que, cómo hemos señalado, no se trata de una operación habitual, por lo cual no queda otra que pensar que se hizo por alguna razón o con algún objetivo.

En segundo lugar, es necesario que alguien nos aclare cuál era el contenido de las susodichas maletas ya que, al ignorar lo que contenían, no podemos valorar realmente si lo que en ellas se guardaba constituía un riesgo para la seguridad nacional, toda vez que en su interior podían guardarse desde documentos sensibles hasta cualquier objeto que pudiese poner en riesgo nuestra seguridad.

Finalmente, y quizás esto sea lo más importante, es saber cuál fue su paradero ya que, caso de abandonar el recinto aeroportuario, deberían haber pasado el correspondiente filtro aduanero, salvo que se tratase de valija diplomática, que no creemos que fuera la circunstancia que nos ocupa, y que, de todas formas, de acuerdo con los Convenios internacionales (Convenios de Viena de 1961 y 1963), este privilegio de inmunidad no se concede en beneficio de las personas, sino con el fin de garantizar el desempeño eficaz de las funciones de las Misiones diplomáticas, como representantes de los Estados.

Pues bien, como nadie ha dado respuesta a estas incógnitas, nos encontramos ante el que podemos definir como el “impenetrable misterio de las maletas” que, a buen seguro, ni Sherlock Holmes, ni Hércules Poirot serían capaces de desentrañar. Unas maletas que no se sabe si cruzaron el control aduanero de Barajas y si lo hicieron, a dónde fueron a parar, y cuál era su contenido. La trama, da para una buena película de cine de suspense y para más de una novela de temática policial.

Partamos como premisa que, desde luego, hay tan solo tres supuestos posibles de los que debemos partir si queremos llegar a una conclusión medianamente razonable:

1º.- Que las maletas en cuestión bajasen del avión y, tras pasearlas por la zona internacional de Barajas, probablemente con el único fin de presumir de ellas, volviesen a la aeronave, algo que nos resulta increíble aun teniendo en cuenta el nivel intelectual de los protagonistas.

2º.- Que las maletas se quedasen para siempre, como para vivir, en la zona internacional del aeropuerto, en cuyo caso serán fácilmente localizables con un poco que nos molestemos en buscar.

3º.- Que hayan abandonado Barajas, saltándose todos los controles con el concurso necesario de los que tenían obligación de impedirlo.

En este sentido, un pajarito me dijo que las dos personas que tenían responsabilidad sobre el asunto en cuestión fueron premiadas, uno, con un ascenso, y el otro, con un destino en una embajada, ¿será verdad?

Recurramos al genial Holmes que decía aquello de que, una vez descartado lo imposible, lo que queda, por muy improbable que parezca, es donde está la verdad. Así que, no queda otra que hacer cábalas sobre el paradero de las dichosas maletas.

Sin embargo, aquí, nadie o casi nadie, dice nada. Nadie o casi nadie, levanta la voz para exigir que se aclaren estos extremos más que sospechosos. Todo el mundo está acobardado, aterrado por ese temor insano que nos han inoculado con el concurso necesario, a modo de coartada, del famoso chinovirus.

Tenemos que estar calladitos, ser obedientes, ser políticamente correctos, no protestar no sea que de nuevo nos sometan a un más férreo arresto domiciliario y a otras limitaciones de nuestras libertades más elementales.

No podemos olvidar que, con la nula, nefasta y liberticida gestión de este gobierno social-comunista, nos han sustraído un año de nuestras vidas y lo que te rondaré morena. Entre bozales, distancias reglamentarias, toques de queda, limitaciones de aforo, prohibición de reuniones, etc., se han llevado por delante, nada más ni nada menos, que un año de nuestras vidas, de la vida de cada uno y aquí, nadie o casi nadie, dice nada, no sea que lo tachen de “facha”.

España la desgobiernan todos aquellos que encima la odian, golpistas, filo terroristas, separatistas, anti sistemas, comunistas, socialistas, anarquistas, la crem de la crem; los que pretenden, sin recato, que desaparezcamos como Nación, la más antigua del mundo. Y aquí, nadie o casi nadie, dice nada.

En el colmo de esta canallada que están cometiendo con el pueblo español, estos que nos gobiernan no pondrán objeción a que algunas partes del territorio nacional, precisamente aquellas por las que nos sacrificamos el resto de los españoles, se independicen; acotan el uso del español, reduciéndolo en algunos territorios a una lengua poco más que testimonial; prohíben que cada familia eduque a sus hijos como mejor le parezca, inculcándoles los valores que quieran sus padres; pretenden adoctrinar a los niños, falseando vilmente la historia, reescrita por ellos a su medida; quieren adueñarse de todos los poderes del Estado para gobernar, de forma tiránica, sin oposición; pergeñan leyes que van claramente en contraposición con el derecho a la propiedad privada, con el único fin de destrozar las clases medias; desprecian a los pequeños empresarios, a los autónomos, fuente de riqueza y empleo en nuestra Patria; preconizan el aborto, la eutanasia, el enfrentamiento permanente entre hombres y mujeres, la falacia de que cada uno, cuando le convenga, asuma el sexo que quiera, etc. Y aquí, nadie o casi nadie dice nada.

Da asco, náuseas, escucharlos hablar en el Congreso. Golpistas, filo terroristas y comunistas anti sistema que ni tan siquiera dominan medianamente el digno arte de la oratoria. Son burdos, pero, sobre todo, de una prepotencia enfermiza que parece que, permanentemente, nos estén perdonando la vida, contando como respaldo por las ovaciones de su clá de paniaguado; y los otros, los del otro lado, que salvo unos pocos, se han convertido en inoperantes, en ineficaces, en lametraserillos políticamente correctos que, antes de perder la poltrona, venden lo que haya que vender. ¡Vergonzoso!

Mientras tanto, el del moño y compañía, siguen repartiendo, con la aquiescencia del otro y de las lumbreras que ocupan las distintas carteras, cuantiosas subvenciones a los chiringuitos de las feminazis; de los lgtbi y no sé cuántas letras más; a las mafias que, ocultas tras la careta de las mal llamadas ONGs que, en realidad, forman parte del aparato del Estado, están propiciando una invasión a España en toda regla en la que tipos en edad militar, dotados de medios de comunicación, fornidos y atléticos, están desembarcando en nuestras costas como si se tratase de Batallones enteros de infantería de marina. Y aquí, nadie o casi nadie, dice nada.

Sí en 711 hubo un Conde Julián, gobernador de Ceuta, ahora son los del moño y su mariachi los que están auspiciando, con su efecto llamada, esta nueva invasión, siguiendo los dictados, cual perritos falderos, del globalismo internacional.

Sin embargo, lo realmente preocupante de todo esto es la actitud del pueblo español, otrora tan rico en calidades entrañables, que ahora, sometido por el terror que nos han inoculado, ha permitido que lo desarmen de valores; hemos dejado de ser grupo para pasar a ser banda; permanecemos silentes, con la cabeza baja, incluso tolerando que nos sustraigan parte de nuestras libertades más elementales a cambio de vanas promesas de vacunas y otras lindezas.

Aquí, nada es importante, nadie pregunta por el número real de muertos por el chinovirus; aquí, nadie pregunta por la situación económica que nos espera a la vuelta de un par de meses; aquí nadie pregunta por el desenlace del “impenetrable misterio de las maletas”… Todo se resuelve con que nos “permitan”, si somos buenos y obedientes, poder “ir a la playita”, “salir de finde”, “ir al gym” o “sentarnos en una terracita a tomar una cañita”. Con que nos “permitan” eso ya estamos tranquilos, callados y somos felices y aquí, nadie o casi nadie, dice nada. ¡Qué pena!

En resumen, aunque suene a muy triste, nos hemos convertido en un país de aco…ngojados.

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )