Vaya por delante que yo he votado a VOX. Ante la inasistencia a las elecciones de los que me considero identificado no tenía otra opción, salvo la de no acudir a las urnas. Tengo amigos y conocidos que son optimistas con VOX, optimismo que no he compartido y que cada día comparto menos.

Vale que alzar la bandera de España es un acicate para unirse, pero desde el punto y hora que admite ser un partido, ya comienza mal, porque por la misma palabra partido comienza la división.

Un partido político es una parte más, un trozo en el pastel de las ideologías, pero no es un movimiento. Movimiento que aúne las aspiraciones de todos y cada uno de los elementos que componen la geografía nacional. Un Movimiento que une y que no separa, que integra y que no excluye. En definitiva, que su fin es crear la Gran Patria y, con ello, la desaparición de los partidos políticos.

Pero cuando conozco que las prácticas de VOX son similares, por no decir las mismas de las que otros partidos hacen uso, entonces no puedo distinguir a VOX del resto. VOX pretende ser un partido nacional, pero ya se ha integrado en el gobierno de una comunidad autónoma (este término es una burla a la inteligencia, pues si se depende de la financiación del Estado no puede haber autonomía alguna), la de Castilla-León, cuando en su programa es partidario decidido de terminar con las autonomías.

Se me dirá que para acceder al ámbito nacional hay que pasar por el gobierno autonómico, y que es más una estrategia que una voluntad de conservar dichas autonomías. La pregunta se hace necesaria: ¿Si VOX accede a más gobiernos autonómicos y de acceder al gobierno nacional, de verdad acabará con este estado de taifas? Si está dentro de ellas dudo que el desmantelamiento se produzca cuando del condumio facilitado por ellas dependan tantas personas del partido.

A ello se añade que en Castilla-León el Consejero de Cultura designado por VOX, es el señor Gonzalo Santonja, que según diversos diarios digitales al corriente de su persona, ha sido comunista,  estuvo presente en un acto de Herri Batasuna (HB) -considerado brazo político de ETA- en Oiartzun (Gipuzkoa) y acompañado del escritor José Bergamín y el dramaturgo Alfonso Sastre;  cercanía con la izquierda radical vasca que lo llevó a defender públicamente, en una carta al director remitida a El País (febrero de 1979), a Telesforo Monzón, militante nacionalista vasco y uno de los fundadores de HB.

Vale lo del arrepentimiento ideológico y abrir la puerta al pródigo intelectual, pero la pregunta es obligada: ¿No tenía VOX otra persona más adecuada para ese cargo? Una persona comprometida con la España histórica, en la Patria y de su unidad, y no con alguien que ha campeado con quien desea la independencia y la ruptura de España.

Parece ser que no, y me da que la razón no es otra que la búsqueda del tipo de persona que no genere problemas, que no piense por sí mismo y que sea agradecido, que sea manso, que quiera cambiar de orilla y para ello sea sumiso para que le sean perdonados los pecados de juventud.

O también otra lectura pueda ser la de que VOX también puede admitir todas las ideas, todo tipo de personas dentro de esa agencia mundialista del todo vale. Pero me parece que aquí no se adecúa aquel lema que se llevaba en la hebilla del cinturón por la OJE, de Vale quien sirve.

El color verde de VOX no es el verde legionario ni el verde guardia-civil, es otro verde contemporizador que se aleja de la verdad. Si se está en posesión de la verdad no se puede transigir, menos con la mentira del prójimo, solo por no provocar el antagonismo. Un Movimiento político debe imponer su verdad, que a la larga ha de beneficiar al contrario.

Por la contemporización se cede y el contrario no tarda en beneficiarse de la verdad que se reserva o no revelas. Claro está que para eso se ha de tener verdad y actuar conforme a ella.

Porque si por estrategia se decide -por quien corresponda en ese partido de VOX- que Macarena Olona se empadrone en un lugar con el que no tiene relación alguna, luego no puede venir a presumir de que sus actos son claros y limpios, cuando hace y actúa como hizo el Partido Popular con uno de sus políticos, que lo empadronó en Segovia. Lo que se le ha obligado hacer a Olona (espero que no respondiera con alegría a ello) respecto del empadronamiento es un claro fraude de ley, por muy legal que lo haya proclamado la Junta Electoral.

Si el Estatuto de Andalucía requiere el empadronamiento no es por puro requisito documental, sino con la finalidad de que el candidato tenga raíces y relaciones continuadas con dicha comunidad. Olona ha caído como un paracaidista en Andalucía y su objetivo será muy loable, pero con ello nos ha advertido de que en la búsqueda de los fines a VOX no le importan los medios.

Los medios son tan importantes como los fines, y en el uso de esos medios no distingo a VOX del resto de partidos. Como no diferencio la partitocracia de la que está haciendo gala VOX del resto de partidos, acumulando la cúpula todos los cargos y representaciones solo para obtener votos y ganar, evitando la legítima participación en el Movimiento.

Y todo para ganar. ¿Ganar qué? Con seguridad, la desilusión y la indiferencia futura de la gente.

Luis Alberto Calderón ( El Correo de España )