UN PROBLEMA LOCAL

Cataluña ha dejado de ser un problema interno español para ser un problema interno catalán. El independentismo está procediendo del modo más incomprensible e implacable a la destrucción física y moral del país que tanto dice amar: y como los palestinos, no pierde ninguna oportunidad de perder una oportunidad.

Si el 27 de octubre declararon la independencia sin tenerla preparada, y con tan poca fe en ella que la mitad de sus artíficies se fugaron al día siguiente; y si ayer Puigdemont cometió la terrible torpeza de pasar por Alemania cuando le habían advertido de todas las maneras posibles de los países por los que podía circular y aquellos en los que corría el riesgo de ser inhabilitado; la última decisión de los patriotas más esencialistas ha sido cortar carreteras e incendiar contenedores, además de exigir investiduras imposibles, como si creyeran que esto les acerca a su objetivo y sin darse cuenta de que sólo contribuyen a su degradación personal y colectiva.

El independentismo se ha convertido en un problema local de hechiceros precivilizados que se cuecen ellos mismos en su olla de ofuscación y de tribu atávica. Está más lejos de un hipotético Estado catalán el proceder demencial de la CUP que la aplicación del artículo 155 con todo su rigor y con todas sus consecuencias.

Los que querían salvar a Cataluña con su todo o nada son los que una vez más la han hundido en su humillación más profunda, en su tam-tam más brutal, en el atraso de noche oscura al que siempre conduce la mezcla letal de arrogancia y de falta de inteligencia.

Creyendo que resaltan su dignidad, hacen el ridículo, queriendo perjudicar a España sólo consiguen arruinarse ellos y a todos los catalanes, y con la absurda pretensión de convertirse en los protagonistas de algo histórico, se rebajan al retrete que avergüenza a los pueblos cuando pasa el tiempo y giran atrás la mirada y se dan cuenta de que no perdieron contra el enemigo con el que se hacían la ilusión de pelear sino por lo profundamente equivocados que estuvieron.

El diálogo que algunos sectores del catalanismo reclaman al Gobierno tiene que producirse entre los dos grandes partidos independentistas para que lo que admiten en privado –el total fracaso de su estrategia– sean capaces de explicarlo en público en lugar de continuar incendiando a la turba descontrolada, lo que no sólo no les acerca sino que les aleja de la independencia, además de hacerles quedar como unos auténticos patanes ante el mundo entero.

viñeta de Linda Galmor