Les voy a contar un secreto.  Durante mucho tiempo he sido muy crítico con Pedro Sánchez y le he dedicado docenas de artículos poco favorables, pero dejé de hacerlo porque es un personaje menor que induce a describir de forma reiterada la mediocridad de su pensamiento líquido y la apatía de su compromiso moral, y por eso llegué a la conclusión de que es un trabajo inútil empeñarse en pintarle un cuadro.

En la vida hay personas y situaciones a las que conviene dejar que pasen sin hacerles demasiado caso, porque “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”, que diría un gran filósofo taurino, pero también existe otra reflexión encerrada en la sabiduría del refranero que proclama que “la maldad no necesita razones porque le basta con un pretexto”, y el personaje al que me refiero anda sobrado de coartadas.

Algunos se empeñan en hacer un pronóstico poco favorable sobre el futuro que le espera al Presidente Sánchez, pero salvo José Félix Tezanos, que cualquier día hace una nueva encuesta en la que le dará mayoría absoluta, muchos de los que votaban las siglas del PSOE tapándose la nariz por culpa de él, han empezado a descubrir que salvo que quieran cambiar de identidad de género, dejar la educación de sus hijos en manos de una tal Celáa,  desaprender a hablar el castellano,  pagar más impuestos, y seguir subvencionando los excesos del gobierno con  más ministros y cargos públicos de la Unión Europea,  es probable que  el presidente de los pantalones de pitillo y las frases sin contenido sea el que consiga convertir al Psoe en la ruina que no logro ni siquiera Zapatero. Conviene aprender de la historia y tomar nota de que el Partido Socialista francés y el italiano desaparecieron a manos no de los rivales sino de los suyos.

Se están dando las circunstancias de la tormenta perfecta en la que los que conducen la nave se dirigen directamente al vórtice.

Si eso sucede, la culpa no será sólo del maniquí, sino también de los mediocres que le hacen la ola a cambio de unos buenos denarios que nunca soñaron cobrar de haber tenido que ganarlos por sus propios méritos laborales.

Mientras tanto España sobrevive a pesar del gobierno, empeñado en jugar a los acertijos sobre cómo seremos dentro de veinte años.

Diego Armario