Cuando uno analiza el advenimiento de la II República en España, no tiene más remedio que mirar hacia atrás para entender los motivos que precipitaron su llegada, pero, sobre todo, para comprender cuales fueron los que precipitaron su caída.

Quienes fueron los responsables de su proclamación y quienes lo fueron de su desaparición. A la hora de repasar la historia, es conveniente hacerlo sin apasionamiento, con objetividad, pero sobre todo situarnos en el periodo histórico que estamos tratando. No podemos ver y mucho menos juzgar el pasado, con los ojos del presente.

No cabe duda de que la II República Española fue acogida con ilusión, con esperanza y sobre todo con mucha expectación. Poco tardaría en llegar la decepción y en desaparecer, tan rápido como habían llegado, la ilusión y la esperanza. La II Republica sentaría las bases que nos condujeron a la contienda civil. La República se vio desbordada desde el inicio y rápidamente fueron muy pocos los que en ella creyeron.

Los dos experimentos de instaurar una república en España se contabilizan por sendos fracasos. En la actualidad, el mayor enemigo de que en España no se vea con buenos ojos el modelo republicano o que no tenga la aceptación que podría esperar, se debe a los nostálgicos de la II República, sobre todo a los que se apoderaron de ella y confundieron el modelo republicano como sinónimo de un régimen exclusivamente de izquierdas y excluyente con todo aquel que discrepe, no ya del modelo republicano, si no de sus teorías políticas izquierdistas.

Ver desfilar cada 14 de Abril a un puñado de nostálgicos con banderas de la extinta Unión Soviética, son el mejor antídoto para que en España sea inviable un modelo republicano. Posiblemente, sin ellos pretenderlo, son el peor enemigo de una futura Republica Española.

Podemos afirmar que la República fue su peor enemiga, sobre todo por la responsabilidad de aquellos que se apoderaron del concepto de República y la quisieron patrimonializar. Oficialmente, la República es proclamada el 14 de Abril de 1931, aunque de facto existe otra fecha clave, el 28 de enero de 1930, cuando el Rey Alfonso XIII acepta la petición de dimisión del General Primo de Rivera y nombra a su jefe militar, al general Dámaso Berenguer, presidente de gobierno con el encargo de recuperar el sistema constitucional. Lo que no sabía Alfonso XIII, lo que no fue capaz de prever, es que se acababa de iniciar el proceso que terminaría con la monarquía en España y la instauración de la segunda república.

La segunda república no cayó del cielo, es importante analizar los motivos que precipitaron su proclamación, su posterior funcionamiento y el fracaso de esta. La llegada de la república a España es propiciada por sectores conservadores que vieron en la caída de Alfonso XIII un nicho de oportunidades. Es curioso que este fenómeno, aunque con muchos matices, se repitiera años después en 1975, con la muerte del General Franco, cuando sus “leales” o colaboradores más cercanos, son los que propician la llegada de la democracia a España.

En ambas circunstancias, tanto la proclamación de la segunda república, como la llegada de la democracia a España en 1977, es propiciada por” la derecha” o colaboradores de los antiguos regímenes, nunca por la izquierda, que sin embargo, se “apoderaría” de los nuevos regímenes como si estos cambios se les debiera a ellos. Cambios, que debemos reconocer, no siempre fueron para mejor.

En el caso de la segunda república, el fracaso fue palpable ya desde sus inicios, y donde todo apuntaba que la situación no acabaría bien, como luego quedo demostrado por la cascada de acontecimientos que culminarían con el legitimo alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 y el comienzo de nuestra guerra civil.

La segunda República fue un fracaso si paliativos, con hechos que provocaron  el auge y caída de un régimen que en apenas cinco años y a pesar de la ilusión generada, fue incapaz de dar respuesta a ninguno de los problemas de la España de los años 30, más bien al contrario, los agudizo hasta tal punto, que la convivencia entre españoles, se hizo de todo punto insoportable.

Hoy, 90 años después de su proclamación, la semilla del odio, el rencor y la revancha de aquellos que se sienten los herederos ideológicos de la segunda República, está más presente que nunca y amenaza la pacífica convivencia entre españoles. «Un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla», sobre todo, lo peor de ella.

Javier Garcia Isac ( El Correo de España )