UN RAMILLETE DE IDIOTAS, NO TAPA EL BOSQUE

Un idiota puede germinar en cualquier lado. Ayer surgió un ramillete de ellos en La Línea de la Concepción.

Un buen ramillete, no crea, que fueron varias decenas los idiotas que se pusieron a apedrear a la patrulla policial que acompañaba a un autobús con 28 ancianos contagiados de coronavirus, con todo su miedo a cuestas, llegados a una residencia linense desde otra atestada de infectados, para ser confinados con los cuidados que requieren y merecen.

Abucheos, pedradas y sonar de cacerolas, al grito de «como traigáis más, se va a liar…». La mayoría de los integrantes del ramillete de idiotas eran jóvenes encapuchados, si bien contaron con los rebuznos de apoyo de algunos adultos desde las ventanas.

Otros vecinos, en cambio, aplaudían la llegada de esos pobres mayores acobardados. España entera, salvo los típicos ramilletes de yerbajos venenosos que surgen asilvestrados, está dando un ejemplo de solidaridad que confirma la buena pasta de la que está hecha la inmensa mayoría de este pueblo. Naturalmente, los idiotas de La Línea, que ya van para bingo en estupidez, no representan a los linenses, como ayer recordó el alcalde, abochornado por el escrache a unos ancianos enfermos. ¡Qué cobardía!

Son pocos los idiotas (ninguno como los del mencionado ramillete) pero aún hace bulto. A día de hoy, en las fechas que llevamos de estado de alarma se ha detenido en el país a 1.057 individuos y propuesto para sanción a 123.216, a los que no hay manera de convencer de que se queden en su casa.

Está por ejemplo el bobo que saca diez veces a pasear al perro, el que va cada dos horas al súper a comprar una magdalena suelta y dos limones o la que se pasea con una bolsa del Dia horas y horas. Todos ellos comparten un fenotipo: el típico tonto que se cree muy listo.

Afortunadamente el 99 por ciento de los ciudadanos se están comportando con gran ejemplaridad, patriotismo si se quiere, y dibujan el corazón mayoritariamente limpio de los españoles, como el de esos trabajadores de la residencia San Jerónimo de Estella, que se han confinado las 24 horas voluntariamente junto a los mayores a los que cuidan para protegerles.

O como el dueño del sevillano bar de carretera El Hacho, que como no puede abrir ha montado fuera un puesto lleno con víveres para que los camioneros repongan fuerzas. Con un cartel: «No se admite dinero».

Son cientos de miles los casos que conmueven por su bondad, verdadera medicina contra el miedo y la pena que nos asuelan el ánimo. Tantos son que unos ramilletes de idiotas no van a poder con el enorme bosque de solidaridad con el que los españoles plantan cara a la tragedia.

Álvaro Martínez ( ABC )