UN SEÑOR Y UNOS GUALTRAPAS

La representación institucional de Barcelona la ostentan un gañán xenófobo con tintes genéticos del pleistoceno y una mujer indefinida en su propia identidad como ser humano, que  aún no ha tenido tiempo de mirarse al espejo antes de salir de casa para no parecerse a la encargada de limpiar o echar el polvo , en cualquier otra institución.

Este párrafo anterior contiene simplemente una descripción de ambos personajes, que, juntos o por separado, no dan para más aunque las ideas que representan cada día cotizan a la baja en el mercado de las buenas costumbres, porque en ningún vademécum del buen independentista catalán está escrito que haya que comportarse con zafiedad, indecencia y cobardía.

Yo entiendo a los miembros de los Comités de Defensa de la República porque aunque estén compuestos por personas de muy variada condición, su acción consiste en ser los mamporreros violentos del independentismo que se viste de corbata,  y ya se sabe que en todas las dictaduras – véase la Venezuela de Maduro – los delincuentes violentos siempre son útiles a la causa de la revolución.

  Pero me cuesta admitir, aunque solo sea por una cuestión estética, que el Presidente de  un gobierno autonómico  fantasma y la alcaldesa de los manteros no se den cuenta del ridículo que hacen en un evento tan importante como el Mobile World Congress haciéndole desplantes al Jefe del estado español delante de una audiencia internacional,  huyendo como ratas cuando llega el Rey,  y regresando como lampantes cuando reparten los canapés. ¡Ese es el nivel!

En cambio el Borbón siempre sabe estar en su sitio,  es decir: defendiendo la dignidad de España en inglés, castellano y catalán, aunque no le acompañe nadie de otras instituciones porque el Presidente del gobierno estaba  haciendo historia al visitar las tumbas de Azaña y Machado, ya que según él, nunca antes lo había hecho nadie  (¡Qué mala es la ignorancia!)

Si alguien expurga entre las miles de columnas de opinión que he escrito a lo largo de mi vida dudo que encuentre alguna en la que yo haya manifestado ninguna fe monárquica porque pertenezco a una  época que no simpatizaba con esa institución. Sin embargo creo que en este momento no existe ningún representante institucional en España que ostente con mayor dignidad, buen oficio, coherencia  y valentía que Felipe VI, la defensa de nuestros valores democráticos.

Para muchos será difícil reconocerlo pero menos mal que está ahí cuando otros callan o se ausentan.

Diego Armario