La moza que ahora tenemos de legisladora y que desconoce hasta la noción misma de lo que sea el Derecho, se ha puesto a sí misma en el candelero bautizando una que llaman ley del “sí es sí”, que no solamente es que no puede ser una ley –salvo el hecho puramente mecánico de salir impresa en el actual BOE que traga todo lo que ahora le echan por la tolva- sino que además participa del principio despótico socialista de fabricar muchas leyes para cada caso concreto.

Ya decían los romanos, que han sido los maestros del Derecho por si la moza no lo sabe, que Corruptissima republica plurimae leges, que no otra cosa es el BOE socialista: muchas leyes corrompiendo la cosa pública.

En realidad el socialismo es incapaz de legislar, porque no sabe abstraer la realidad para darle a la norma su carácter general.

En cualquier caso la Iglesia Católica, que fue la que conservó y enseñó el Derecho a Occidente, lleva siglos aplicando al tema del consentimiento previo al abrazo sexual una norma mucho más acorde con la dignidad de la persona humana: sólo el “sí” pronunciado ante testigos es digno de la persona y eso basta.

La moza socialista, incapaz como digo de abstraer, se ha dedicado a trastear, por no decir hocicar, en el derecho penal, pretendiendo lograr que aparezca claramente el consentimiento en las relaciones carnales.

Y la norma es de tal modo imprecisa, entrometida, abusiva, inexacta e inaplicable, que los jueces van a tener que exigir a los protagonistas del abrazo que vayan prudentemente acompañados de un notario para que en cuanto se inicien las frases insinuantes, las caricias y los tocamientos, se levante acta y se firme un documento en el que conste un consentimiento que de otro modo podría llegar a ser objeto de presunciones iuris et de iure.

Es una verdadera lástima que la Iglesia Católica sea en la actualidad en España del todo irrelevante, porque si su experiencia de un único “sí” ante testigos volviera poco a poco a implantarse, daría al traste con toda esa legislación capciosa y casposa.

Cierto que siempre ha habido no sólo violaciones sino abrazos sexuales no consentidos, pero en la cultura popular católica se siempre se trató de remediar esos malos principios procurando que los responsables aceptaran de mejor o peor grado y de una u otra manera, su responsabilidad.

Lo que está claro es que no se puede alcanzar el poder a base de fomentar la promiscuidad y luego dedicarse a retorcer el código penal para remediar los entuertos.

Javiern Montero Casado ( El Correo de España )