UN SIMPLE DESEO PARA 2019

La Nochevieja es tiempo de buenos propósitos y anhelos para el año entrante. Ahí va uno muy simple para nuestro país: una minoría no puede seguir amargándole la vida a una inmensa mayoría.

Desde hace cinco años estamos dilapidando enormes energías en un desafío que en realidad está sobredimensionado. España, una próspera nación del primer mundo de 47 millones de habitantes, se encuentra cortocircuitada por la pataleta egoísta y retrógrada de 2,5 millones y pico de catalanes y unos 600.000 vascos.

Es decir: poco más de tres millones de personas, obcecadas en que son superiores a sus vecinos, están marcando día tras día la agenda política de los 44 millones de españoles restantes, que tienen que soportar una cantinela victimista que no se corresponde con la realidad de esas regiones, una monserga de mentiras y lamentos que a estas alturas resulta absolutamente insufrible.

La situación no es inocua, hace mucho daño al país. No se trata tan solo del desgaste psicológico de soportar el insulto diario de quienes caricaturizan a España como un lugar oscuro y tardofranquista, donde las libertades son reprimidas e impera un casticismo cejijunto y atrasado.

El problema añadido es que esas ofensas castigan nuestra prosperidad. La campaña separatista está dañando la imagen exterior de España (en parte por la parsimonia de nuestra diplomacia). Un país fabuloso, seguro y avanzado, lleno de gente trabajadora y bien preparada, está perdiendo atractivo a ojos del capital global y de los grandes actores políticos mundiales.

La minoría separatista ha logrado transmitir la idea de que somos un destino complicado, donde todo puede acabar mal. Esa campaña detrae inversiones (la primera máxima del dinero es que es miedoso) y consume energías que deberían destinarse a mejores fines.

En España no hay un debate político profundo sobre la calidad de la educación, cuando es la herramienta que va a marcar el futuro del país. En España no se aborda el pavoroso problema demográfico, ni el de la deuda pública, ni el de la despoblación acusada de todo el Noroeste o el perenne retraso del Sur.

En España no nos preparamos para las inminentes amenazas y oportunidades que suscitará la inteligencia artificial. En España no se habla de la devaluación salarial y de la penosa productividad laboral que tenemos. En España ya no se discute de nada que no sea Cataluña (y de cuando en vez algún globo sonda hiriente del PNV y Bildu).

En España contamos con un presidente cuya primera máxima es lisonjear a los separatistas para que lo mantengan un mes más en el poder. Por su parte, la oposición se ve forzada a dedicar toda su atención a vigilar a ese gobernante oportunista para que no incurra en graves deslealtades.

En España Tardá y Torra salen en TVE más que el Rey. En España existe un hartazgo enorme, profundísimo, que el próximo año se va a visualizar en espectaculares revolcones en las urnas, porque el país de los 47 millones necesita decir basta y dejar de ser maniatado por una minoría de tres.

Luis Ventoso ( ABC )