Un sobre con mi nombre y apellido.
En mi buzón. Caray. Sin remitente.
Voluminoso, sí, pero corriente.
Lo agito un poco. Nada. No hay ruido.

Por fin, lo subo a casa y me decido
(pues soy audaz, gallardo e imprudente)
a abrirlo, así sin más, tranquilamente,
para verificar su contenido.

Lo rasgo. Qué emoción. Estoy cardiaco.
Con mucho cuidadín, de dentro saco
un disco. Es un cedé. Mi mano suda.

Lo miro y, del espanto, me agarroto.
Una peli del tal Juan Diego Botto.
Van a por mí. Cabrones. Ya no hay duda.

Fray Josepho ( Libertad Digital )