Era cuestión de tiempo que la tropa rufianesca de Podemos volviera a la calle. Abrumados por su incapacidad manifiesta para resolver nada, atrapados en un laberinto sin salida por los problemas que crean e investigados por diferentes delitos que pueden llevar a su líder (al Bicho o Chepas) a la cárcel, toda la formación siente la presión de ser desalojada del poder y sus dirigentes tener que trabajar, lo que no han hecho nunca ni están dispuestos hacer.

Se les termina el chollo, quieren ser casta de poder  y ya han lanzado su grito de guerra, el de siempre… ¡A las barricadas! La chusma rufianesca vuelve a la calle.

La voz la ha dado el secretario de Organización, Alberto Rodríguez, un soez bravucón, cuya sola presencia física, sin necesidad de que diga nada, produce asco, que con la misma arrogancia y casi en el mismo tono que su líder (el Bicho o Chepas), pone como posibilidad de actuación el acoso a toda persona que ellos consideren culpable de su defenestración. Advirtiendo que si la cosa llega a un punto en el que ellos se vieran perjudicados en sus intereses, la actuación que tomarían podría llegar a producir un “escenario muy feo”.

El problema no es otro que el haberles consentido todo. Tanto, que se les ha consentido formar parte del gobierno de España, a ellos que hasta hace dos días inducían a linchar policías, empresarios y políticos de derecha, a los que ahora piden ayudan y amparo para que la gente deje dormir plácidamente a sus hijos. Decir esperpéntico es quedarse cortos.

Sin descartar que este cretino de baba que es Alberto Rodríguez sea una víctima de lo que este sistema corrupto y clientelista ha dejado crecer, en lugar de podar, el problema no es tanto saber lo que es, un soez bravucón, como lo que puede llegar a ser. Que es la misma incógnita que nos ha quedado en el caso del padre del Bicho o Chepas.

Por todo lo dicho, la respuesta a la pregunta ¿Qué hacemos con Alberto Rodríguez? sería la de entregarle un listado con los centros penitenciarios de España para que vaya escogiendo.

Porque este individuo, como tantos otros en la formación Podemos, es un desafío que hay que afrontar con energía, en cuanto todas las personas decentes necesitamos estar preparadas para responder a la necesidad imperiosa de frenarles, y hacerles volver a las alcantarillas de donde salieron.

La política española, aun con esta monarquía que encarna Felipe VI, debe ser un poco más seria.

Pablo Gasco de la Rosa ( El Correo de España )