UN SONÁMBULO EN LA MONCLOA

Como un sonámbulo recorriendo la noche y guiado por no se sabe qué ensoñación mesiánica, Sánchez sigue imperturbable a lo suyo, que no es otra cosa que atrincherarse en La Moncloa, hoy por hoy un búnker donde le custodian aquellos que allí lo pusieron y que por nada del mundo quieren que el sonámbulo abandone la estancia y regrese al mundo consciente.

Naturalmente esa guardia de corps no la forman los ciudadanos, que esos ya le recordaron dos veces en las urnas que era un perdedor. No, sus custodios son los integrantes de un lobby político al que une el interés por que España no sea España, ni en su fondo y ni en su forma.

Ese cuerpo de guardia es de sobra conocido: la extrema izquierda chavista y antimonárquica, los separatistas, los proetarras que bridaban cuando todos llorábamos en aquellos días de plomo y dolor, y ese otro nacionalismo vasco, taimado y aprovechategui, que no renuncia a meter el cucharón en el puchero sentado a la mesa de todos, sabedor de que fuera de España puede pasar hambre.

Y como un sonámbulo no escucha ni atiende a la realidad, no es probable que Sánchez escuche el clamor que salió ayer de la plaza de Colón. Y seguirá sin cumplir su palabra de convocar «cuanto antes» elecciones, tal y como se comprometió en mentira fundacional de su mandato.

Y seguirá despreciando a aquellos que, como la multitud congregada ayer en Madrid, le piden que no trapichee con España con tal de seguir montando en el Falcon. Los españoles no merecen un presidente del Gobierno que, de palabra y obra, trata mucho peor a los que ayer fueron a Colón que a quienes persiguen la destrucción del Estado y liquidar la Constitución.

Observen el menosprecio que Sánchez dedica a unos y las carantoñas y correctísimo trato que dispensa a la banda del lazo. Luego él y Adriana Lastra, ese faro del nuevo socialismo, se enfadan cuando escuchan lo de «felón» y «traidor» y lloriquean hasta que acuden a consolarles las plañideras progres que en los medios se quejan de que así sea calificado y que repiten la pesada salmodia de «son cosas de fachas».

Aún los hay más cortos, que Dios no siempre anduvo fino repartiendo talentos; están esos trincapiñones de digitales que se ríen de una manifestación «contra una mesa de diálogo». Lo del dedo, la Luna y el necio…

Un sonámbulo suele andar dando vueltas por la casa media hora. El nuestro lleva 253 días deambulando por La Moncloa y acariciando, inconsciente, el lomo a la alimaña. A España se le está haciendo muy larga esta pesadilla.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor