UN TERRORISTA EN LAS AULAS

Que una parte de la sociedad vasca sufre una profunda enfermedad moral, consecuencia directa de haber convivido durante tantos años con un terrorismo nacido en sus entrañas, lo pone de manifiesto lo que va a pasar este martes en las aulas de la Universidad del País Vasco, en su campus de Álava.

Un miembro de ETA, José Ramón López de Abetxuko, condenado a 30 años de cárcel por su participación en dos atentados mortales cometidos por la banda terrorista en Vitoria en 1980, hablará a un grupo de alumnos sobre la situación de los presos de ETA.

Que el etarra haya cumplido ya íntegramente su pena no le habilita para ser referente de nada ni de nadie. Y el simple hecho de que alguien piense que un terrorista pueda aportar algo positivo a unos jóvenes universitarios es una completa locura. Que una institución pública como la UPV ceda sus locales para semejante dislate, justificándolo en que los solicitantes cumplen los requisitos legales, y permita que sus alumnos reciban ese tipo de testimonios ahonda en esa grave crisis moral a la que antes me refería.

En estas últimas horas han sido varias voces las que se han alzado para pedir que se impida esta barbaridad. En primer lugar, la de los familiares de las víctimas directas de este terrorista, que en 1980 participó en el asesinato del jefe del Cuerpo de Miñones de la Diputación Foral de Álava, Jesús Velasco Zuazola, y en el del Jefe de la Policía Municipal de Vitoria, Eugenio Lázaro Valle.

También lo han hecho el Delegado del Gobierno en el País Vasco, Jesús Loza, y el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso. La Asociación Cívica Esteban de Garibay, que preside Carlos Urquijo, ha convocado una concentración delante de la sede de la UPV en Vitoria para mostrar su total rechazo a este acto.

Se da la macabra circunstancia de que, a escasos 300 metros de donde se celebrará la charla, ETA asesinó el 22 de febrero del 2000 al portavoz del PSE en el Parlamento Vasco, Fernando Buesa, y a su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza.

Cuando muchas víctimas del terrorismo comentan en privado –algunas lo hacen en público– que han perdido la batalla del relato sobre lo que supuso la acción terrorista de ETA, tienen toda la razón. El problema es que en los últimos años han sido muchos agentes sociales los que han renunciado a ganar esa batalla, empezando por la propia sociedad vasca, que vive muy cómoda por el hecho de que ETA ya no mata y cree que no compensa remover el pasado.

Pero también tienen su cuota de culpa los poderes públicos, muchos responsables políticos y la mayor parte de los medios de comunicación, al aceptar como normal lo que es una absoluta anormalidad. Porque anormal es que el expresidente Zapatero, en unas declaraciones recientes, blanqueara absolutamente y sin ningún tipo de pudor al líder de Bildu, Arnaldo Otegui. O anormal es que la presidenta socialista del Gobierno de Navarra, María Chivite, llegara a ese puesto gracias al apoyo de Bildu, con quien se acaba de sentar para negociar los Presupuestos de la Comunidad Foral. Para Sánchez, Zapatero, Chivite y el PSOE, se puede hablar con Otegui y con Bildu, pero no con Vox, que tiene entre sus fundadores a José Antonio Ortega Lara.

La charla de este martes del etarra López de Abetxuko supondrá sobre todo una afrenta a sus víctimas directas y por extensión a todo el colectivo. Pero también será un muy mal camino para que las nuevas generaciones, en este caso de jóvenes estudiantes vascos, puedan saber la verdad de lo que realmente pasó: que una banda terrorista nacida en el seno de la sociedad vasca asesinó a lo largo de más de 40 años a un total de 857 personas, vistieran un determinado uniforme, militaran en partidos políticos «españolistas» –según el lenguaje de los terroristas– o fueran jueces, empresarios, periodistas o incluso niños, a los que consideraron víctimas «colaterales». Eso es lo que lisa y llanamente hizo con sus víctimas la persona que este martes hablará a los estudiantes.

Cayetano González ( Libertad Digital