UN TRABAJO DE HÉRCULES

La víspera de tomar posesión del Gobierno sudafricano, Nelson Mandela confesó a sus más íntimos colaboradores: «Ahora llega lo más difícil». Eso lo decía un hombre que había pasado la mayor parte de su vida en la cárcel, enfrentado a los más arduos desafíos. Sin establecer una equivalencia, simplemente como recurso literario, es lo que Juan Manuel Moreno diría a sus íntimos colaboradores, si los tiene, tras ser investido presidente de la Junta de Andalucía.

Porque si desplazar al PSOE de lo que ha sido su fortín y feudo desde la llegada de la democracia a España fue tan largo como difícil, acabar con la herencia que deja semeja uno de los doce trabajos de Hércules: la limpieza de los establos de Augías, con 3.000 bueyes, no baldeados desde hacía años.

En Andalucía había, más que una administración donde ejecutivo, oposición, cámaras, partidos, funcionarios, empresarios, trabajadores, sindicatos y ciudadanos desempeñan el papel que les corresponde en una democracia, un régimen, un sistema donde todos ellos formaban parte de una espesa red clientelar por encima y debajo de los cauces administrativos.

Como en una inmensa familia, sin importar el bando a que perteneciera cada uno, se hacían negocios, establecían relaciones, promovían iniciativas y cerraban tratos, la mayoría de las veces sin necesidad de firmar otros papeles que los absolutamente necesarios, como cuando se accedía a un cargo o recibía una subvención. Ha venido siendo la tierra de «mi padre trabaja en el paro» y de los empleados que no los conocían en sus puestos de trabajo por no aparecer en ellos.

por no citar los casos más obscenos, como los salidos a la luz en el juicio de los ERE, cuya mayor obscenidad era tratarse de dinero para los parados. Leo que hay 247.797 funcionarios autonómicos, 27.304 en chiringuitos, 15 fundaciones, 17 sociedades mercantiles dependiendo en mayor o menor grado de la Junta. Más lo que pueda haber debajo.

¿Va a ser capaz el gobierno de Juanma Moreno de desmontar todo eso? Porque sin desmontarlo, no se logrará la renovación que le llevó a presidir la Junta. Y que va a enfrentarle a buena parte de la población, incluidos bastantes de su partido. Por no hablar de que sus socios de gobierno ni siquiera se hablan y se odian entre sí. De la oposición, con Susana Díaz a la cabeza, qué voy a decirles.

No es que vayan a ponerle palos en las ruedas, es que, si puede, le deja sin ruedas y sin carro. La expresidenta no ha tardado ni un minuto en darle el primer aviso, fletando una caravana de autobuses para protestar ante el Parlamento de su toma de posesión, con Vox como su blanco favorito. Si pensamos que del éxito o fracaso del tripartido andaluz va a depender en buena parte lo que ocurra en el resto de España, uno se echa a temblar. Aunque también parecía imposible arrebatar su cortijo al PSOE, y ya ven. Pero Mandela tenía razón: lo más difícil viene ahora.

José María Carrascal ( ABC )