Puede que suene a blasfemia pero es lo que me pide el cuerpo porque hay un cura canario que le llama Francisco Báez, que se viste como ls, plátanos, asiste con frecuencias a programas de la televisión regional  para decir tonterías y que merece que alguien le dé una buena hostia aunque sea el juez que estudia su caso o su jefe jerárquico para que quede claro que la organización a la que ambos pertenecen – la Iglesia católica- no tolera indecencias tan graves como las que esta acémila sin tonsura, ha dicho  al afirmar que  Beatriz Zimmermann , madre de las niñas asesinadas en Tenerife  por otro bestia que fue su padre,  “recoge lo que sembró” porque  al iniciare una relación con otro hombre le estaba robando sus hijas a su padre natural.

No soy de herir sensibilidades metiéndome con asuntos que se relacionan con la fé de los creyentes de cualquiera de las muchas religiones que dicen ser las verdaderas, pero tampoco me corto a la hora de opinar y criticar los excesos o los grandes errores que se cometen en nombre de Dios porque guardar silencio en favor de alguna creencia indemostrable es cómplice.

Nunca entendí que existan religiones que prediquen el odio y justifiquen la muerte del infiel, ni tampoco las que pregonan la superioridad del hombre sobre la mujer o de unas castas sobre otras, y eso sucede porque algunos predicadores confunden su obsesión con la doctrina

No soporto a los curas mediáticos, que se las dan de graciosos, cuentan chistes sobre las mujeres, proclaman la vigencia de una moral del medioevo y aprovechan las redes sociales para hacer el ridículo.

Hay gente buena que hace el bien en todas las creencias y también entre los que no tienen ninguna fe, pero en asuntos de relaciones entre hombre y mujeres siempre tienen que hablar sobre el respeto, la igualdad y la justicia ,  y los que no saben  hacerlo que se dediquen a tener limpia la sacrista en vez de hablar como fanáticos del medioevo.

Diego Armario