Ni siquiera la magnitud sin precedentes de la crisis provocada por el Covid-19, aún por determinar en daños personales y económicos, ha podido evitar que el Gobierno lleve a la práctica el dogmatismo que marcó su nacimiento, hace ahora un año.

El sometimiento de los poderes del Estado, la devaluación de las Cortes, los ataques y desprecios a la Corona y los jueces, el adoctrinamiento en las aulas, la imposición de la ideología de género, la primacía de la propaganda y la ocultación y la cesión constante a los enemigos declarados del Estado de Derecho han marcado los primeros doce meses de un Ejecutivo cuya primera tarea ha sido incidir en la división de la sociedad española, justo cuando más unida debía estar para superar la crisis a la que se enfrenta.

El primer año del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, coaligados por puro interés personal, no general, es el anticipo de un proyecto de transformación y disgregación que no se detiene ante la peor crisis del último siglo.

ABC

viñeta de Linda Galmor