UNA CUMBRE MUY BAJITA

La cumbre más larga y los resultados menos lucidos es el comentario general sobre la Cumbre del Clima que acaba de finalizar en Madrid. Que acudieran centenar y medio de jefes de Estado y de Gobierno no garantizaba nada cuando los países más contaminantes, China, Estados Unidos, Rusia, India, no estaban por la labor.

Existe consenso en que conviene prestar más atención al medio ambiente pues está en juego nada menos que la vida en nuestro planeta. Pero el hecho de que sea a largo plazo hace que los gobiernos presten más atención a los problemas inmediatos, el paro, las pensiones, la educación, la salud, aunque el medioambiente esté relacionado en mayor o menor grado con ellos.

Existen también demasiadas diferencias en desarrollo económico, sistemas políticos, nivel educativo y experiencia histórica para trazar unas directrices generales a fin de no llegar al «punto sin retorno» en que la naturaleza empiece a actuar contra sí misma de continuar abusando de ella como venimos haciendo, aunque ni siquiera existe acuerdo en esa fecha,

Hay quien dice que llegará en 2030, hay quien la alarga a 2050 y hay quien lo deja para finales de siglo, que no son fechas tan lejanas como parecen. Muchos de nosotros no las viviremos, pero los más jóvenes, sí, y son los que más protestan, naturalmente, aunque los que menos poder tienen.

Entre las evaluaciones elijo la de los organizadores, «se han alcanzado los mínimos», es decir, se ha evitado el desastre de que acabara sin acuerdo, y al menos se consiguió un compromiso de seguir trabajando para que la próxima sea más efectiva, y la melancólica del secretario general de la ONU, António Guterres, «ha sido una oportunidad perdida».

En efecto, lo fue y no hubo acuerdo sobre el punto clave, las emisiones de CO2 a la atmósfera. O sea, que seguiremos dependiendo de los carburantes fósiles, que mueven el mundo desarrollado. Cuando existe una energía que podría reemplazarla, e incluso ya se usa.

No me refiero a la nuclear de fisión o desintegración del átomo, sino a la de fusión o integración de los mismos, que es la que mantiene al sol incandescente. Cuando hago esa pregunta se me responde que es dificilísima de domeñar y aún no existe tecnología para ella.

Pero existen bombas H y más difícil parecía hallar un medicamento para el sida y se ha conseguido. Lo que hace preguntarme si el inmenso negocio del gas y el petróleo no está frenando esas investigaciones. Pues en un vaso de agua hay hidrógeno suficiente para producir la energía de una gran ciudad durante un año. Pero presiento que moriré sin descifrar ese misterio.

Nos queda, sin embargo, la satisfacción de haber montado un evento internacional de primer orden en tres semanas, en el que no ha faltado ni fallado más que los participantes, que se llevan de Madrid la mejor impresión en cuanto a acogida, seguridad, arte, cocina e incluso clima.

Pues no saben ustedes lo que son Berlín, París, Londres y Nueva York por estas fechas.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor