UNA CURA DE HUMILDAD

El himno español sonó en Pekín en una versión metalera, casi de peña y pachanga, pero nadie lo pitó. No llega tan lejos el rechazo a una nación que algunos olvidan que por algunos lados está hecha de barro hasta las rodillas y esfuerzo y cuya bandera no es más que el envoltorio inmaterial, nunca el uniforme, de quienes la pisan para caminar, sin mirar a los lados.

El capitán Rudy Fernández lloró ayer al recordar a su abuelo, fallecido hace unos meses, y Ricky Rubio quiso inspirar con el triunfo de la selección «a mucha gente para superar -dijo- los baches del día a día». Conscientes del país para el que juegan y trabajan, difícil como una prórroga, la humildad de los campeones del mundo de baloncesto fue su mejor canasta, triple de modestia contra la soberbia de quienes nunca han empatado con nadie.

A la selección nacional no le pusieron el «We Are The Champions» de Queen, estandarizado como himno occidental del triunfo aventado con confeti. China tiene su propia banda sonora para casi todo, hecho diferencial que, por lo musical, contribuyó a subrayar el desamparo de los vencedores y a contener los aspavientos de una celebración en la que hasta el partido de Australia pocos creyeron y a la que Pedro Sánchez mandó a uno de los contados ministros que el pasado sábado no participó en la exhibición área y terrestre de la riada levantina.

Como descubrió Gerhard Schröder en 1993, da más votos una inundación que una medalla de oro. Con el Rey en capilla para dirigir la ronda parlamentaria que empieza hoy en La Zarzuela, Don Juan Carlos retirado y la Princesa de Asturias en prácticas, no tenía la Corona mucho margen para personarse en Pekín.

Tampoco Pedro Sánchez, que prefirió hacerse un book fotográfico a la altura de Orihuela que desplazarse a Pekín para sumarse al regocijo de una victoria que al menos durante dos horas pudo hacer olvidar, sobre todo en el sureste peninsular, esos baches de la vida a los que se refiere Ricky Rubio.

Hay que estar a las duras y las maduras, pero Sánchez no termina de cogerle el punto a la fruta. Tampoco a un seleccionador al que no hace mucho criticaba con desahogo de ultra.

Para celebraciones privadas -entrada con acompañante- el presidente del Gobierno siempre tendrá el recinto del FIB de Benicásim, pero lo de ayer era una genuina cuestión de Estado, una alegría compartida con todos los que están con el agua al cuello, real o figurada, o se asoman al cauce del Segura sin cámara de fotos.

Por todo lo malo que se llevan por delante, hay que estar en esas riadas, aunque no den votos y apenas duren dos horas.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor