UNA DEL OESTE

La encuesta de Tezanos, ¿qué es? ¿Un chiste, un brindis al sol, un platillo volante o el Quinto de Caballería llegando a galope al son del cornetín a salvar la diligencia del ataque de los indios? Lo que usted quiera menos algo parecido a una encuesta seria, formal, creíble.

La veo más como una carta de La Moncloa a los Reyes Magos expresando sus deseos para el 10-N: «Me gustaría sacar 150 escaños, que con los pocos de Podemos formarían mayoría absoluta, sin tener que depender de los catalanes, ni de los vascos, ni de Ciudadanos, ni, naturalmente, del PP, que sube, pero una ridiculez, y además, Vox no presenta una amenaza…». Algo así, infantil, ingenuo, idílico, que venga a romper la atmósfera bronca, incierta, amenazadora que nos envuelve.

Y es que el CIS, en su última etapa parece todo menos un instituto de investigaciones sociales y se aproxima al tarot, los horóscopos o la lectura de la palma de la mano, política, eso sí, sin ella no se va a ninguna parte.

Me habrán oído decir más de una vez que una encuesta aislada no dice nada. Es la foto fija de un momento dado, que incluso puede inducir al error al depender de un solo factor o hecho, que cambia a la semana siguiente. Lo único que vale es la tendencia, el curso que va tomando la opinión pública a lo largo de semanas y meses, que apunta al que avanza, para señalar al vencedor final.

Y todas las encuestas, repito, todas, vienen apuntando un estancamiento, o retroceso incluso, del PSOE, un avance sólido del PP, un desplome de Ciudadanos, un agónico bracear para no hundirse de Podemos y, la gran sorpresa, un salto de Vox, que se encarama a la tercera oposición, como esos equipos recién ascendidos a primera división que luchan ya por el liderato.

La última encuesta del CIS nos ofrece justo lo contrario. Tal como está el patio, no se puede descartar nada, pero a tal extremo de dar por completo la vuelta al escenario no creemos que llegue.

Y si bien es verdad que no es probable que se produzca un vuelco hacia la derecha, menos lo es, sobre todo tras los recientes sucesos catalanes, que Pedro Sánchez consiga recuperar la cómoda posición que tenía. Más bien parece lo del Quinto de Caballería de que les hablaba en apoyo del amigo en peligro.

Es incluso posible que surta el efecto contrario. Me habrían oído también decir que hoy se vota, más que a favor de alguien en contra de otro, el famoso voto del miedo, y que estas elecciones va a decidirlas el tema de su campaña, de ser Vox, ganaría el PSOE, de ser Cataluña, las cosas cambiarían.

Con su amplia, clara, espléndida victoria de Pedro Sánchez y la desaparición de Vox como peligro, el CIS puede devolver la tranquilidad a los socialistas que pueden quedarse en casa el 10 de noviembre, como ocurrió en Andalucía. Y es que los tiempos cambian. Pero no tan deprisa como dice Tezanos. Vamos, digo yo, que también puedo equivocarme.

José María Carrascal( ABC )