UNA FALSA TREGUA, QUE ALARGA LA INCERTIDUMBRE

En política se puede hacer de todo menos el ridículo. Es una lástima que Quim Torra no tomara nota de la sabiduría de Tarradellas. En caso contrario, es probable que hubiera evitado a Cataluña y al conjunto de España el bochorno de los últimos días, en los que ha vuelto a ponerse de manifiesto la incapacidad del soberanismo para retener el Govern con estabilidad.

El presidente de la Generalitat y ERC hicieron ayer encaje de bolillos para escenificar una cohesión que no existe en la práctica. El bloque secesionista puede seguir disimulando, pero la realidad es que la legislatura en Cataluña está agotada. Por responsabilidad y dignidad, a Torra no le queda más salida que adelantar las elecciones. De lo contrario, no logrará más que perpetuar la incertidumbre y el descrédito de las instituciones.

Las fricciones internas que han aflorado en las filas independentistas acreditan, una vez más, que el president y sus aliados no son más que títeres de Puigdemont. Torrent, desoyendo a los letrados del Parlament,aceptó no sustituir al ex presidente catalán como diputado. Lo hizo tras una jornada caótica en la que el independentismo volvió a pisotear la dignidad institucional inherente a la Cámara en la que están representados todos los catalanes.

El aplazamiento sine die de las votaciones del Debate de Política General certitica el ocaso de la aventura procesista. Torrent es consciente de las consecuencias de desobedecer el mandato del Tribunal Supremo. De ahí que el bloque secesionista haya colapsado. La violencia de los CDR y las presiones de la CUP han situado a los independentistas frente al espejo de sus mentiras, sus fracasos, sus frustraciones y su sempiterna felonía.

El acuerdo alcanzado entre Junts per Catalunya y ERC, fiado a la sentencia del procésconstituye un remiendo que no sacará a Cataluña de la parálisis. El desafío al Estado continuará, aunque el apaño permitirá a los soberanistas conservar el poder autonómico que tanto desprecian. No lo quieren para ocuparse de los problemas reales de los catalanes, sino para utilizar las instituciones como palanca de la ruptura. También para preservar las prebendas a los políticos presos.

Tal como revela hoy EL MUNDO, los siete presos independentistas recluidos en la prisión de Lledoners -incluidos Rull y Turull, que han pasado a recibir un sueldo del PDeCAT- reciben visitas sin límite de políticos, empresarios y sindicalistas. Según revela una denuncia interna, gozan de un tratamiento privilegiado por parte de la Dirección General de Prisiones, dependiente de la Conselleria de Justicia, en manos de ERC.

Y ello hasta el punto de convertir el módulo en el que permanecen encarcelados en una especie de despacho oficioso en el que incluso se organizan reuniones en grupo, algo de lo que no disfrutan el resto de los internos. Es tan escandaloso el mimo dispensado a los políticos y líderes sociales que Jordi Sànchez pudo celebrar su reciente cumpleaños en un ambiente de fiesta absolutamente impropio de una cárcel.

Cabe recordar que el traslado de los políticos presos a Cataluña forma parte de la hipoteca que Pedro Sánchez está obligado a pagar a los independentistas por su respaldo en la moción de censura. Se desconoce aún el alcance del tibio ultimátum lanzado por Torra al Ejecutivo y condicionado al reconocimiento del derecho de autodeterminación. Lo que sí se sabe es que ni Cataluña ni España entera merecen el oprobio de dos gobiernos a los que sólo preocupa su propia supervivencia.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor