UNA FRASE Y UNA ACTITUD

En estos trepidantes días de aceleración del “España se rompe“, ese eslogan atribuido a Aznar que nadie sabe cuándo dijo, hay que expurgar entre los discursos y las actitudes para separar las pasiones de las sensaciones.

Una frase, la de Mariano Rajoy. El presidente respondió con palabras firmes y sobrias a la sonrojante sesión del Parlament en la que el independentismo inició el esprint hacia el abismo de unos y de otros, de todos. Escarbando, al final del discurso de Estado del presidente se coló una frase humana, de esas que se escapan al hablar sin papel pero que cuando han sido escritas nunca son gratuitas: “Sé lo que se espera de mí y sé cuáles son mis obligaciones, y les puedo asegurar que no he dedicado tantos años a mi país y al interés general como para permitir ahora que se pueda liquidar de un plumazo nuestro modelo de convivencia”.

Es tal la gravedad del momento que, al fin, Rajoy ha comprometido su futuro al futuro del país. Este es el punto, es el momento, en el que el desenlace del galimatías catalán puede borrar su pasado. Están en juego su prestigio, su trayectoria, “tantos años”. Él, el artífice de la recuperación económica, el hombre que, en público y en privado, presume de haberle dado la vuelta a los números, el que ya está pensando en repetir candidatura, puede pasar a ser el presidente de cuando se rompió España. Como Zapatero, él y su orgullo de política social, lo fue de la España que se arruinó. O Aznar, él y su somos un gran país y vamos a demostrarlo, el del no a la guerra y del 11-M. La fuerza negativa de que es más importante por lo que seréis recordados que todo lo que realmente hicisteis puede con todo.

Y una actitud, la de Joan Coscubiela. Catalanista y partidario del derecho a decidir, el pasado jueves se convirtió en el mayor indignado ante el “procedimiento bucanero” pergeñado por la mayoría independentista para cambiar las leyes. Con la coherencia del que tiene unos principios democráticos que le salen de muy adentro, el portavoz de Catalunya Si que es Pot argumentó su “así no” a Puigdemont y los suyos con unos dardos que les hicieron más daño que cualquier misil lanzado por la oposición. Una explosión de sinceridad de a quien nadie le hubiera dicho nada por pasar de perfil sobre el tema.

En estos momentos de pasión, y los que nos quedan, es bueno recuperar sensaciones.

Rafae Moyano ( El Mundo )