Después de una década de trabajo, desarrollado por un equipo en el que han participado más de cien investigadores, la secuenciación integral del genoma humano reabre las puertas del conocimiento de la vida, cada vez más exhaustivo, y rearma a la ciencia médica en su batalla contra la enfermedad.

Un año después de que los laboratorios lanzasen sus vacunas y lograsen frenar la mortalidad provocada por el Covid y neutralizar una pandemia de tintes medievales, la ciencia avanza en una nueva demostración de la capacidad del hombre para progresar y superar los retos que se marca para mejorar su existencia.

No deja de ser paradójico que estos hallazgos, fruto del trabajo y la autoexigencia, se produzcan en paralelo a la devaluación sistemática y concertada de la vida humana, a través de prácticas como la eutanasia o el aborto, formas complementarias de la ‘cultura del descarte’, y al rebrote de la guerra como manifestación del instinto del ser humano para destruirse.

ABC