UNA INVESTIDURA AUTODESTRUCTIVA

Conté en mi novela No es elegante matar a una mujer descalza que el Panadero, un tipo al que conocí, venía a traernos desde Cádiz pan recién salido del horno a los hambrientos poetas malditos del Gran Café Gijón. El Panadero solía decir: “En la bahía, cuando el día y la mar están claros, se puede ver a las mujeres de la Atlántida, que van a comprar salmonetes coloraos”.

Los gaditanos, quizás los seres más inteligentes del mundo, están seguros de que a aquel reino fabuloso lo hundió un tsunami hace unos 9.000 años. No buscan la Atlántida ni en la Isla ni en Doñana, porque la tienen debajo de los tacones. Desde otros lugares sí se hacen expediciones para localizarla, llegando hasta Groenlandia, Córcega, los Alpes, las Canarias. Nunca encontrarán el reino prodigioso porque Aristóteles le dio un corte a Platón: “El que la soñó la hizo desaparecer”.

La fábula es anterior a la Historia, narra hechos imaginarios y suele estar en el origen de muchos pueblos que gustan de parábolas e imágenes. Casi siempre son narraciones absurdas, como ésa de Rómulo y Remo amamantados por la loba. Para los catalanes, la loba es España -que no les dio de mamar, sino que les robó- y buscan sus mitos prehistóricos en otras novelerías.

En su ensayo ¿Qué está pasando en Cataluña?Eduardo Mendoza recurre al mito de la Atlántida para explicar como con la industria del antifranquismo y el victimismo, los independentistas se inventaron un pasado falso y un futuro fuera de la realidad. Van de buenos, olvidando que la capitalización de Cataluña se hizo a costa de los esclavos y que los catalanes se opusieron hasta el último momento a la abolición de la esclavitud. “Una Cataluña de cuento de hadas, en cuyo imaginario prevalecen sobre las gestas auténticas leyendas como la de que Lohengrin era catalán o que Parsifal encontró o no encontró el Santo Grial en Montserrat, mientras Verdaguer componía un poema a la Atlántida con el propósito de agregar este territorio mágico al resto del acervo histórico catalán”. Han buscado la Atlántida, que está en Cádiz, y la reclaman para los países catalanes.

Como escribe Mendoza se alimentan de egolatría y narcisismo y están desquiciando la situación: “La predicción secesionista de una república catalana convertida en una Suiza o una Dinamarca del sur, ¿no cae dentro de idénticos cuentos de hadas dirigidos ahora hacia el futuro, una Atlántida o Arcadia tan noveleras como impracticables y autodestructivas?”.

Eso viviremos hoy en la sesión de investidura: una situación impracticable y autodestructiva. Como ocurrió con Platón, los que soñaron la república la están haciendo desaparecer.

Raúl del Pozo ( El Mundo )