UNA OBLIGACIÓN MORAL

La ocultación de los muertos de esta pandemia tal vez sea una de las mayores desgracias del momento, y eso que nos toca soportar unas cuantas. Ningún desastre con tanta trascendencia moral y política como este desbarajuste en las cifras de fallecidos.

No se pueden esconder miles de vidas perdidas que, aunque no figuren en las estadísticas oficiales, merecen nuestro respeto y pedirles perdón por una muerte injusta. El Gobierno sabe que reconocer los datos de defunciones que se desprenden del INE y de los registros civiles implicaría situar a España como el país con peores ratios del mundo

De largo. Esto haría trizas su estrategia de propaganda y, posiblemente, volvería insostenible la Legislatura. Estamos obligados moralmente a no tapar ni hacer desaparecer a miles de españoles que se han ido en trance tan doloroso, en soledad y sin el mínimo consuelo.

Nos apremia un compromiso ético por el que debemos hacer prevalecer la verdad, ya que nuestra dignidad y nuestro futuro están en juego. Este Gobierno y algunos sectores de la sociedad piden colaboración.

Todo irá mejor si se reconoce la cifra real de muertos.

El Astrolabio ( ABC )