UNA REFORMA INÚTIL Y OTRA NECESARIA

La situación irregular que estamos viviendo estos meses en la política española es, en cierto modo, un revival de lo que ya ocurrió hace tres años.

En cualquier caso, lo que demuestra este inmovilismo repetitivo es que modificar nuestra Constitución o nuestras leyes institucionales, si se considera que es indispensable para que funcione mejor el raquítico Estado de derecho que padecemos, es algo más difícil que abolir las corridas de toros.

Sea como fuere, el caso es que en nuestros días el propio presidente del Gobierno en funciones es quien ha puesto sobre la mesa una inútil reforma de un artículo de la Constitución.

En cambio, nadie habla -o se plantea- una reforma necesaria del Reglamento del Congreso de los Diputados, porque, tal y como está, impide que se puede afirmar que en este país existe una división de poderes, como mandan los cánones.

Pero han pasado ya más de dos meses y el Congreso no funciona, porque no ha dado la orden el presidente del Gobierno de que comience la función.

 Basta con ir repasando los artículos del RCD para apercibirse de que se ha nombrado con enorme tardanza la Diputación Permanente, de que no funcionan las Comisiones, de que no hay control del Gobierno, de que el presidente no informa de sus reuniones en la Unión Europea, de que no se ha aprobado ninguna ley, etcétera.

España, tres meses después de las elecciones generales, no tiene Parlamento, salvo para que sus señorías cobren sus dietas. Y el Ejecutivo está en funciones, porque no se ha cumplido con la ley.

¿Tiene esto algún arreglo? Pues sí: modificar el RCD y establecer que al presidente(a) del Congreso no lo nombre el eventual presidente del Gobierno entre los miembros de su partido, sino que deba ser elegido por votación de los demás partidos que formen la oposición o minorías.

Hagan la prueba y verán como todo cambia.

Jorge de Esteban ( El Mundo )