UNA SENTENCIA DESACERTADA

La repercusión que va a tener la sentencia del Tribunal Supremo sobre el conflicto catalán no será únicamente política, como todo el mundo espera, sino especialmente jurídica, porque se trata de una resolución que podía haber enmendado la tristemente sentencia sobre el Estatut de Cataluña, la cual, a pesar de haber consumido cinco años en su redacción, fue una auténtica calamidad que seguimos pagando desde entonces.

Pero me temo que esta sentencia va a empeorar todavía más la posible -si es que la hay- solución del pleito catalán. Una primera lectura de sus 500 páginas me ha producido la impresión de contener dos fines claros: por una parte, contentar en lo posible a los separatistas catalanes presos y, por otra parte, ocultar un posible pacto secreto del Gobierno con los independentistas catalanes. En otras palabras, es una sentencia precocinada que no puede contentar a los juristas decentes que hay en España.

Por lo demás, la sentencia tiene algunos párrafos realmente divinos, como cuando indica que no hay rebelión si no existe una violencia «instrumental, ejecutiva, preordenada y con una idoneidad potencial para el logro de la secesión».

Otra de las frases gloriosas que contiene la sentencia es que el tipo penal de rebelión «como delito de peligro no puede circunscribirse al voluntarismo del autor». Realmente sorprendente.

Para acabar, les recordaré a los prestigiosos magistrados del Tribunal Supremo que la modalidad de la rebelión y sus similares son delitos que se caracterizan porque solo pueden ser castigados cuando los autores no consiguen sus objetivos. Pero quererlos sí los querían.

Jorge de Esteban ( El Mundo )