UNA SOLUCIÓN ( IMPOSIBLE )

Sí, ya lo sabemos: fue el contumaz Dr. No, y sin embargo ahora, con los mismos escaños pelados que tenía Rajoy, demanda por «razón de Estado» que PP y Cs se abstengan en su favor. Lo sabemos: echó al PP hace hace solo 13 meses, retorciendo una sentencia y en una maniobra urdida con Podemos y los separatistas.

En su breve Gobierno, su primera medida fue someter al interés del PSOE instituciones del Estado como RTVE y el CIS. Arrastra el baldón de la vidriosa tesis. Ayer advirtió a Podemos que tal vez se necesite otro 155, pero hace solo siete meses se reunía con Torra y aceptaba en secreto observadores para una negociación bilateral.

Ahora se presenta en modo presidente constitucionalista, pero con la otra mano permite que los suyos pacten en Navarra con nacionalistas vascos y Bildu, o que los socialistas obtengan la Diputación de Barcelona ¡en comandita con el partido de Puigdemont! (ocurrió ayer).

Lo sabemos, sí: no es fiable y su trayectoria deja mucho que desear. Pero en Sánchez 2 hay una importante novedad respecto a Sánchez 1: esta vez ha ganado las elecciones, los españoles le han votado, y debe aceptarse con fair play democrático su victoria (aunque él no lo hiciese con el PP, porque un mal no justifica otro mal).

Con la llamada Nueva Política hemos arribado a una sopa de letras amenísima, pero que ha vuelto el país ingobernable. La inestabilidad es norma. Numerosas administraciones ya dan por sentado que los presupuestos, herramienta esencial de todo Gobierno, jamás se aprobarán en plazo. España sigue en piloto automático, con las cuentas que sacó adelante Rajoy en mayo de 2018 con apoyo de Cs y PNV (y el voto en contra feroz de Sánchez, Podemos y los separatistas).

En realidad el país lleva tres años malgobernado, porque Rajoy se pasó sus dos últimos años en el alambre y consumido por el pulso independentista y porque el mandato de Sánchez fue magro en leyes y duró solo un año (lo reventaron los separatistas, socio imposible). Hemos arribado a un laberinto kafkiano, donde el fiel de la balanza son un partido populista de extrema izquierda y unas formaciones que tienen como meta expresa romper España. Entonces, ¿qué hacer?

Los alemanes lo tienen claro. En 2005, cuando Angela Merkel ganó con una victoria corta, en lugar de dejar al país en el limbo del desgobierno se unieron democristianos y socialistas, situaron el interés del país por delante del de sus siglas y formaron la Gran Coalición. Desde entonces la fórmula se ha repetido en otras dos legislaturas. Alemania evitó ser rehén de extremistas.

Una solución obvia para España sería que el PP hiciese de tripas corazón y presentase a Sánchez unas exigencias mínimas para poder abstenerse y dejarle gobernar (renuncia a indultos a los golpistas, compromiso de 155 en caso de desafío frontal, acuerdo para no pactar con fuerzas separatistas y un marco de prudencia contable).

Pero a veces lo mejor es enemigo de lo posible. Ni Casado ni Sánchez aceptarían esa salida, aunque todos, empezando por ellos, sabemos en nuestro fuero interno que sería la mejor para España.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor