El pasado viernes 3 de septiembre de 2021 entra en vigor la Ley 8/2021, impuesta por el Gobierno social-comunista de Sánchez y Podemos. En teoría, o como ellos lo van a vender, es como un avance en las libertades y en la protección de los derechos de los menores en los procesos de divorcio.

Lo venderán bien, pues manejan casi todos los medios de comunicación a su antojo y en lo único que se han especializado es en propaganda barata que ya nadie cree. Aún así la gente sabe pero no reacciona, quizá porque han interiorizado la idea errónea transmitida por la progresía en España: o socialismo o  caos.

Y no, hay alternativa de ideas y de acciones, aunque va a ser complejo echarles de la poltrona pues como buenas ratas controlan bien las alcantarillas del poder.

Esa esta siendo la idea teórica que desde sus altavoces promulgan. La práctica será que se complicarán más los procesos en los que hay niños de por medio,  embarrándolos más para que el Estado pueda manejar la situación a su antojo y atribuirse más y más poder cada día: el camino hacia la Dictadura Absoluta 2030 está trazado y esta Ley es una viga de acero más en la estructura que están construyendo.

No soy experto, ni mucho menos, en legislación ni en el código civil o penal. No me meto pues en  interpretar esos cambios pues sería demasiado atrevido por mi parte. Pero sí que me gustaría puntualizar algo desde el sentido común, que ya se ha convertido desde hace tiempo en el menos común de los sentidos.

La lógica y la razón hace tiempo que se desprecian y nos gobiernan las emociones. Y hay que reconocerles que lo hacen bastante bien, aunque ya agota que nos quieran hacer tragar una y otra vez el mismo truco.

Y el truco en este caso viene con la introducción en esta ley del concepto “violencia vicaria”. Voy a tratar de analizar esto despojándolo de las emociones. Cuando hay un divorcio y hay hijos de por medio puede que el padre hable mal de la madre a sus hijos y puede que una madre hable mal del padre a sus hijos. Digo que puede, no que es algo se deba hacer ni que esté bien.

La ciencia nos ha dicho que si estas infames habladurías son prolongadas y persistentes en el tiempo por el padre o la madre, el hijo puede desarrollar ciertos trastornos que le van a afectar irremediablemente a lo largo de su vida. A todo esto se le ha venido a llamar Síndrome de Alienación Parental.

Ojo, no es esta la definición, se han escrito cientos de libros sobre esta temática y se podría discutir sobre ello hasta el infinito. Pero a grandes rasgos y con objeto de concretar viene a ser eso: el lavado de cerebro de toda la vida que practican algunos indeseables progenitores.

Pues bien. ¡Tatatachán! A partir del pasado viernes está prohibido invocar en los juzgados al Síndrome de Alienación Parental. Ya no existe, porque lo dice la Ley de la excajera del Saturn. Pero van más lejos, porque esto no se podía quedar así.

Si el padre es el que malmete a los hijos contra las madre entonces el padre está cometiendo el concepto inventado de violencia vicaria. ¿Y si es la madre la que malmete contra el padre? No puede ser, según esta Ley eso no existe, todas las mamás en España son seres de luz que hablan siempre con cordura a sus hijos sobre el padre: pensar que la madre puede llegar a hacer eso es ser muy facha (nótese el sarcasmo).

En fin, que diría que no me lo esperaba, pero mentiría. Este gobierno está saboteando de arriba a abajo todas las estructuras del país para luego levantar no se sabe muy bien qué.

Ahora con la llegada de septiembre y la luz un 200% más cara que el año pasado, la inflación galopando, el turismo foráneo de capa caída y las modificaciones de todas las leyes habidas y por haber, hacen que el invierno se presente más crudo que de costumbre. No nos queda otra que levantar la voz y clamar contra lo que están haciendo, apagar la tele y encender el cerebro.

Nos va en ello el futuro de España y de nuestros hijos.

Papá Maravilla ( El Correo de España )