UNAS ELECCIONES CRUCIALES ANTE LA AMENAZA DEL SEPARATISMO

España vuelve hoy a las urnas. Un mes después de las elecciones generales, que auparon a Pedro Sánchez a costa de la fragmentación del centroderecha, los comicios en 12 comunidades autónomas y en los 8.131 municipios de nuestro país están llamados a ser cruciales.

Primero, porque llegan en una coyuntura marcada por la incertidumbre que generan los devaneos del PSOE con el independentismo. Y, segundo, porque del resultado de esta noche dependerá en buena medida tanto la formación del próximo Gobierno -Podemos quiere usar su apoyo electoral para presionar a Sánchez en las negociaciones- como el desenlace de la intensa pugna que PPy Ciudadanos mantienen por la hegemonía de la derecha.

La cercanía en el calendario convierte la triple convocatoria -incluidas las europeas- en una especie de segunda vuelta de las generales. Sánchez aspira a revalidar el triunfo del 28-A, mientras Pablo Casado aspira a frenar a Albert Rivera, autoproclamado jefe de la oposición. Las encuestas otorgan al PSOE un viento de cola que podría teñir de rojo el mapa.

En todo caso, serán los pactos a posteriori el factor que decante la mayoría de los futuros gobiernos regionales. La batalla central, por su peso político, se libra en la Comunidad de Madrid. Casado, cuya posición se ha visto seriamente cuestionada después de la debacle del PP en las generales, se juega su liderazgo en una plaza que hasta ahora había sido un feudo inexpugnable de los populares.

Lo hará con candidatos de su confianza y en un contexto de máxima preocupación interna en el PP por el severo retroceso electoral. En el caso de Madrid y Barcelona, la fragmentación y la pugna entre bloques auguran un escrutinio ajustado. Las opciones del PP o de Cs para hacerse con la vara de mando en la capital, tras el desastroso mandato de Carmena, pasan por evitar la movilización de la izquierda.

En el caso de la capital catalana, Ada Colau y Ernest Maragall compiten en la recta final. Ambas opciones son nefastas para el constitucionalismo en una coyuntura en la que la amenaza del reto soberanista se ve reforzada tanto por la política de distensión de Sánchez como por el papel de caballo de Troya que ejerce Podemos en las instituciones, tal como se vio al negarse a aplicar la ley desde la Mesa del Congreso para suspender a los políticos presos.

Después de que Meritxell Batet permitiera acatar la Constitución con «lealtad al 1-O», es decir, al referéndum que buscaba precisamente liquidar el marco constitucional; y después de que la propia presidenta de la Cámara Bajara dilatara la suspensión a los diputados secesionistas encarcelados, el presidente del Senado contempló ayer en El País la posibilidad de una sentencia absolutoria.

Aunque el citado periódico rectificó la transcripción de sus palabras, Casado y Rivera advirtieron el atropello que significaría cualquier injerencia al poder judicial. Las declaraciones de Manuel Cruz constituyen una torpeza irresponsable que muestra la debilidad del sanchismo para hacer frente al chantaje secesionista. Los españoles dirán hoy si refrendan o rechazan esta deriva.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor