Unidad y déficit, los retos de Sánchez

Pedro Sánchez prometió su cargo ayer como presidente del Gobierno de España. Esta semana nombrará a sus ministros, a esos que le deben ayudar a poner en práctica «los desafíos que tiene el país con voluntad, entrega y determinación». Y «desde el consenso», remató en su intervención en el Congreso de los Diputados. Tarea complicada, muy enrevesada, la que tiene por delante a la vista de sus compañeros de viaje. Esos que le han aupado a la cabeza de la gestión de la cosa pública en España.

Y no lo es porque sean firmes partidarios del líder socialsita. Le ayudaron a llegar a La Moncloa al verle como el «mal menor» frente a su bestia negra: el Partido Popular. Que no se le olvide. Más pronto que tarde. Mañana mismo en el caso de los Presupuestos Generales del Estado que han de ser discutidos en el Senado, y donde hasta cinco grupos parlamentarios han comenzado a construir sus alegaciones y peros a unas cuentas públicas que son las de la recuperación económica –que llegó con Mariano Rajoy, que no se le olvide–, y fueron aceptadas por las autoridades comunitarias como ajustadas a la disciplina de contención del gasto de la UE. Sánchez, mientras, ha recibido la fumata blanca de Bruselas por esos PGE que se ha comprometido a mantener y entre los que está nada menos que bajar el déficit del Estado al 2,2%, lo que le puede obligar a tomar medidas adicionales de ajuste.

Y, sobre todo, preparar un techo de gasto con un reajuste gigantesco para 2019, en que lo prometido a la Unión Europea es bajar el déficit al 1,3%. El nuevo presidente del Gobierno deberá andarse con pies de plomo económicos para no cometer los errores del Gobierno socialista anterior, ese que dejó una crisis con nueve trimestres consecutivos en recesión, la destrucción de 3,8 millones de puestos de empleos y la pérdida de 21.000 millones de euros en rentas salariales. El Gobierno de Rajoy consiguió sacar al país de la crisis, al menos en términos macroeconómicos. Ahora, cuando el empleo y la recuperación de las rentas comienza a llegar a las familias se instala otro Ejecutivo del PSOE. El siguiente gran desafío al que se enfrenta Sánchez es clave para que la economía y la prosperidad llegue a todos los hogares españoles: mantener a España unida.

Ahí el líder socialista debe alejarse de las tensiones de populistas e independentistas –esos mismos con los que llegó al poder– y mantener la estabilidad y fortaleza que sólo dan el cumplimiento de las leyes, con la Constitución en primer lugar, y el estado de Derecho. Sánchez logró sacar adelante la moción de censura gracias al apoyo de los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes, a quienes ofreció dialogar «dentro del marco de la ley» con el nuevo gobierno autonómico de Quim Torra. Una situación cuando menos curiosa, ya que hace tan solo unas semanas, el ahora presidente del Gobierno le tachó de racista y xenófobo.

Ayer, por lo pronto, sus «aliados» del PNV le han exigido la gestión de la Seguridad Social, prisiones y aeropuertos. En sus primeras palabras tras ser investido como presidente, Sánchez dijo ser consciente del momento tan complejo que vive España: «Voy a abordar todos los desafíos que tiene nuestro país con humildad, con entrega y sobre todo con mucha determinación». Los va a necesitar. A otros les suelen dejar cien días de plazo ante de entrar a criticarles o reconvenirles. A él, no. A Pedro Sánchez, desde mañana lunes, sus «aliados» en la votación del viernes le pasarán la factura por su apoyo. Necesitará cintura política y empuje. Determinación se la queremos presuponer para no alejarse de nuestro ordenamiento constitucional y de la senda económica acordada con nuestros socios europeos. Las presiones serán grandes. Los egoísmos nacionalistas tratarán de imponerse.

La Razón

viñeta de Linda Galmor