Faltan cinco días y creo que ha llegado el momento de desear paz y feliz Navidad a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y así lo hago hoy pensando en mucha gente a la que conozco  y en otros cuyos rostros nunca vi  ni tampoco escuche su voz, pero que se comportan con sus prójimos lo mejor que su alma les permite .

Se dice que estos días son unas fechas especiales en las que la gente de bien intenta hacer un hueco en su alma, un borrón en su memoria y un esfuerzo en su voluntad con la intención de reconciliarse  con quienes durante el resto del año, o desde mucho tiempo atrás, sostienen alguna deuda de desamor, aunque parece ser  esos milagros suceden con más frecuencia  en algunas películas de lagrima fácil que en la realidad.

Aunque nadie sabe lo que le espera a la vuelta de algún recodo de su vida y dado que este maldito año 2020 aún no ha llegado a su fin, esa información que no tenemos   debería ser suficiente para aligerar el peso de los malos recuerdos , los torpes desencuentros o las deudas impagadas.

 No todo el mundo va ligero de equipaje como los hijos de la mar en estos tiempos  en los que algunos se empeñan en recargar las diferencias entre gente  que no se conoce lo suficiente como para saber que no son tan distintos,  a pesar de que el  poeta nos dijo que una de las dos España nos helaría el corazón.

Las restricciones dictadas este año   por las Administraciones Públicas para protegernos  de uno de los dos contagios que asolan nuestra sociedad, van a ofrecer una coartada exenta de explicaciones  a quienes no quieren verse con su familia en unas fechas en las que lo más habitual es que exista amor, buen rollo y felicidad, pero también rencores y heridas a medio cerrar.   Yo tengo la suerte de conocer esas cuitas solo de oídas y siempre me resultó triste  que existieran.

Estas fechas  están vinculadas a una tradición transversal que reúne a  millones de niños, mujeres y hombres en torno a un deseo común y hace que La Navidad y el fin de año ofrezcan una coartada para la convivencia  incluso a los que no tienen fe, porque la tradición y los buenos deseos pesan más que las creencias de cada uno.

Amigos de otras culturas festejan sus tradiciones en fechas distintas, y, como hace el Presidente del gobierno con ellos, yo  les felicito también con mis deseos de Paz y Amor.

Diego Armario