URGE UNA ALTERNATIVA A ESTE GOBIERNO TRAIDOR

La pesadilla se ha hecho realidad en la más terrorífica de sus versiones. Hoy millones de españoles tenemos miedo de lo que se nos viene encima, por razones evidentes. Desde el arranque de la Transición, ningún presidente había llegado tan lejos en la voladura de todos los cimientos que sustentan nuestra democracia. Ni siquiera Zapatero cuando pactó con una banda terrorista.

Él puso las bases de lo que ahora se ha consumado, pero no se atrevió a rematar la faena. Pedro Sánchez, en cambio, se ha lanzado al precipicio sin vergüenza ni pudor, alentado por una inconmensurable ambición de poder que las urnas no han secundado jamás. ¡Cuánta frustración ha debido de producirle ese rechazo de los electores a brindarle el apoyo que su narcisismo cree merecer!

¡Cuánta acritud no habrán generado esos reiterados fracasos! ¿Cómo vengarse de esta España cuyas afrentas electorales han ofendido una y otra vez su ego? Traicionando a la Nación, la Constitución, las instituciones del Estado, empezando por la Abogacía, puesta al servicio del Ejecutivo en funciones, la decencia, la verdad y desde luego el honor, en el supuesto de que alguna vez haya comprendido lo que significa.

A falta de votos suficientes para colmar su apetito de sillón, el candidato socialista ha optado por el abrazo a la extrema izquierda y la cesión al chantaje independentista hasta límites difíciles de creer: una consulta en Cataluña destinada a ratificar los acuerdos de la mesa política en la que se debatirá, de tú a tú entre el Gobierno nacional y el autonómico, un estatus especial de privilegio para dicha comunidad autónoma, en abierto desafío a la soberanía nacional y a la igualdad de todos los españoles (bonito tributo al credo que dice defender el socialismo).

Un nuevo estatuto de autonomía para el País Vasco, que colma las aspiraciones históricas del separatismo experto en recoger nueces ensangrentadas. El vaciamiento de competencias de la Guardia Civil en dicha región y en Navarra, como paso previo a su expulsión y a la probable adhesión de la comunidad foral al territorio vecino, ansioso por devorarla. Eso, por ahora, que sepamos.

Pero dada la opacidad absoluta con la que se han desarrollado las conversaciones encaminadas a solventar esta investidura, cabe esperar cualquier otra clase de felonía. Ninguna le resultaría excesiva al hombre que ha demostrado carecer de palabra y de escrúpulos.

Ante este panorama desolador, ya no valen lamentos ni plegarias, sino que urge construir una alternativa. Una coalición de partidos susceptible de vencer en un futuro próximo a esta alianza de fuerzas dañinas, determinada a romper el marco de convivencia en el que nos hemos movido hasta ahora. Desgraciadamente, no tardaremos mucho en experimentar la terrible capacidad destructora de esta amalgama letal.

Y cuando eso ocurra, cuando arrecie la tormenta económica sobre un país sometido a una terrible presión territorial, presidido por un ser completamente desprovisto de los atributos morales e intelectuales indispensables para hacer frente a semejante crisis, entonces la ciudadanía buscará desesperadamente refugio en otras siglas.

Dará la espalda al PSOE, como ya ocurrió en 2011, y necesitará un lugar en el que cobijarse. La cuestión es saber si, llegado ese momento crucial, el centro derecha habrá sabido unirse con el fin de articular un proyecto ganador y superar la división que nos ha traído hasta aquí.

Para lograrlo, Vox debe vencer la tentación de subirse al monte, el PP la de caer en la nada y Ciudadanos recuperar la brújula. Si lo consiguen, España se salvará. En caso contrario, nos esperan tiempos oscuros.

Isabel San Sebastián ( ABC )