USAR LA MONCLOA

Como a Rocío Jurado el amor, a Sánchez el otro día «se le rompió el avión / de tanto usarlo». Por pura casualidad no era el Falcon, sino un avión privado que alquilado fue para ir a un mitin. Se está ganando a pulso este hombre la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico, como a aquella consejera de la Junta de Andalucía y luego ministra, Magdalena Álvarez, vulgo Maleni, le fue concedido el título popular de Lady Aviaco, por la cantidad de vuelos de válvula, de gañote, de pescuezo que se hizo durante su mandato.

Pero lo del avión de Sánchez me inquieta más. ¿Es que este señor no sabe que España goza de una de las mejores redes de trenes de alta velocidad del mundo? Parece como si Sánchez le tuviera miedo al tren como otros al avión, que le diera pánico montarse en el Ave.

Y del coche, ni te hablo. También parece que le tiene miedo a usar el coche. Ah, ya, es por lo de la contaminación y el cambio climático. El Falcon, evidentemente, contamina menos que el Ave o que un buen coche oficial con tres vehículos de la escolta delante y otros dos detrás.

Y a este Sánchez al que se le despresurizó la cabina del avión privado y tuvo que volver a Madrid le ha llamado la atención la Junta Electoral por una tontería. Moscas y cañonazos. Lo han amonestado porque usó La Moncloa como plató para una entrevista-alfombra con su cadena amiga de La Sexta.

Desde luego bien que restregó visualmente en la entrevista el entrevistador de la camiseta negra que estaban en La Moncloa. Concretamente, en el Salón Barceló, que nos enteramos que es el antiguo de las Columnas en tiempos de Calvo Sotelo. ¿Quién ha comprado esos cuadros de Barceló? ¿Cuánto nos han costado?

Porque me imagino que no los ha pagado Sánchez o Zapatero o Rajoy de su bolsillo. ¿Y por qué cada presidente nuevo que llega a La Moncloa tiene que cambiar la decoración? ¿Ocurre así, por ejemplo, en el Reino Unido? ¿Cambia el interior del 10 de Downing Street cada nuevo presidente británico? Este empezó cambiando el colchón, el otro los muebles. Claro, como no lo pagan de su bolsillo…

Pero que la Junta Electoral llame la atención a Sánchez por usar La Moncloa para un besahuevos en forma de entrevista me parece una escrupulosidad ridícula. A la Junta Electoral se le van las mejores. Está Sánchez lucrándose en su campaña electoral permanente de todo el aparato del Estado en su beneficio, incluida la servil TV pública, y la Junta Electoral va y lo amonesta por una tontería, una entrevista en La Moncloa.

¿Por qué no lo amonestó por no dejar tranquilos a los muertos y usar en beneficio electoral propio no sólo el aparato del Estado, sino hasta la Historia de España, al sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos? ¿Por qué la Junta Electoral no ha amonestado a Sánchez porque hasta el último de los «viernes sociales» del Consejo de Ministros ha sido utilizado como elemento de campaña?

En esa tómbola electoral de los Consejos de Ministros, sólo de abril a esta parte, ¿cuánto dinero público se ha repartido sin causa justificada, para ganarse segmentos del electorado al son que se encendían las luces rojas de las encuestas internas, los famosos «trackings»?

¡Ay, los «trackings»! Vamos a castellanizarlo: los «tráquines». Aquí todo el mundo, de los tertulianos a los candidatos a las elecciones, presume de que ha visto en el último «tracking» que sube Fulano, baja Perengano y Zutano se pega el pellejazo del siglo.

Estoy por entrar en Amazon, a ver si los venden allí y me mandan urgentemente un «tracking» baratito y medio buenecito. Porque me da un complejo de inferioridad enorme no tener «tracking» alguno que llevarme a la vista para ronear de bola de cristal electoral como todos los que en Madrid están en el ajo, con lo que se repite el ajo. Tanto como el uso por Sánchez del aparato del Estado en beneficio electoral propio.

Antonio Burgos ( ABC )