Dadas la desesperanza y frustración instaladas en el planeta por los efectos pandémicos del coronavirus, nadie podrá negar al fin que es una buena noticia la aparición de indicios exitosos en las vacunas en prueba.

Tanto es así, que la reacción de la inmensa mayoría de Gobiernos del mundo y los mercados bursátiles está siendo optimista a priori.

Ahora bien, España no tiene muchos motivos para aventar la euforia que, voluntaria o involuntariamente, está amplificando Salvador Illa.

Nuestro Gobierno es el rey de las promesas incumplidas, de los cálculos erróneos, de las mentiras flagrantes y de un caos administrativo que pretende salvar con seis meses inéditos de estado de alarma.

Celebrar anticipadamente las buenas noticias nunca es la mejor receta. Hace cinco meses, Sánchez anunció que en diciembre media España estaría vacunada.

Y eso es tan incierto como cierto es que no tenía necesidad de hacer semejante afirmación. Ahora, el Gobierno habla de mayo.

Ojalá fuese verdad, para variar.

ABC

viñeta de Linda Galmor