VALLECAS: SE LA JUEGA

En la Asamblea de Vallecas, el PP se va a jugar la Puerta del Sol, es decir, su hegemonía en Madrid, el poder en España. El máster ha sido el dispositivo de la oposición para precipitar un hundimiento que se fue cuajando con la cárcel o el procesamiento de los dirigentes del partido. A pesar de su declive, el PP hizo algunas cosas bien. España crece, ha superado la recesión, ha sorteado la quiebra. Ese partido apostó claramente por la Constitución en la crisis territorial desatada en Cataluña. Pero ahora, cuando se habla menos del fin del bloque monárquico o del Régimen del 78 es cuando parece que el Estado empieza a pudrirse por la cabeza.

El partido que gobierna se va hundiendo en las encuestas, hay una mayoría de centro-derecha cuyos partidos se rechazan; e igual ocurre con los de la izquierda. Al PP le puede ocurrir lo que suele pasar en España con los gobernantes: salen fritos o entre almohadillas, linchados por los adversarios o por el fuego amigo. (Recuerden el final de Suárez o de Felipe González). Como ya se dijo de otra derecha, ésta ha ahogado el éxtasis del fervor religioso y el sentimentalismo burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta; su gestión ha tomado la forma de un latrocinio organizado. Ahora le han puesto en marcha una moción de censura a Cristina Cifuentes sin mayoría para lograba. De esa aventura incierta comenta Juan Carlos Monedero: “Y entonces va Ciudadanos y anuncia que van a quitar Bonnie y van a poner a Clyde; y a eso lo llaman solucionar el problema y regeneración”.

Vivimos un momento de incertidumbre, se presiente un cambio, incluso un gran cambio, y no se ven líderes con capacidad para protagonizarlo. Pablo Iglesiasacaba de decir que ese cambio va a empezar muy pronto; lo propone un político que cree que la mudanza es echar al PP del poder, como si eso lo fuera a arreglar todo.

Los políticos no han entendido el consejo quevedesco según el cual el rey -en este caso el líder- que “disimula delitos en sus ministros, haciéndose ese partícipe de ellos, y la culpa ajena la hace propia”. Las cosas parecen a punto de cambiar, pero como advertía Marco Aurelio todo lo que está ocurriendo es vulgar, las trapacerías se desarrollan entre la calumnia, la traición que alegra o aflige a los necios. Las caras son máscaras, en una función que se repite, cada día.

Los partidos se desacreditan entre sí y están empatados en mediocridad. Me dice un enterado que no hay que desconfiar tanto de los políticos y de su mezquindad porque los Estados tienen menos poder y los políticos menos capacidad de organizar desastres, cuando vivimos en una revolución tecnológica asombrosa que puede traer progreso y libertad.

Raúl del Pozo ( El Mundo )