VAMOS A DESESCALARLOS

Si gobiernan los expertos y manda Pablo Iglesias, a ver qué hace Pedro Sánchez en La Moncloa, todo el día allí metido, cuando no está haciendo el programa en directo que dirige el secretario de Estado de Comunicación y produce Iván Redondo.

Si no el premio Princesa de Asturias, como pide el cura que organizó en su iglesia el funeral pagano e inclusivo de Zerolo, le podían dar un Ondas. Hoy vuelve al plató para anunciar el cartel de una desescalada que administra, pero que no se aplica.

Estamos distraídos con lo de los bares y las mamparas y no reparamos en la importancia que tendría que la nueva normalidad llegara al presidente del Gobierno, que se desconfinara para realizar tareas tan esenciales como son, a pie de calle, el ejercicio de la solidaridad, si no con las víctimas, que sería mucho pedir, al menos con quienes contribuyen a doblegar una curva que no es la de las audiencias de su magazín ni la de la gama cromática de sus corbatas.

Los Reyes se personaron ayer en la sede de las Emergencias 112 de Madrid, un simple gesto cuyo significado se deriva de la asunción del drama y de la necesidad de normalizarlo a partir de la permeabilidad emocional.

Esconderlo no es viable; tampoco esconderse. Sabemos ya que la desescalada va a ser asimétrica, pero alguna vez tendrá que llegar a quien la predica y no la practica, quizás agorafóbico, socialmente distante, necesitado de la ayuda del cura inclusivo o de los psicólogos que se anuncian en su plataforma de televisión.

Jesús Lillo ( ABC )