VAMOS A VERNOS A ESCONDIDAS

Cuando Pablo Iglesias le dice a Pedro Sánchez lo de «Sentémonos usted y yo», lo que propone es una cita clandestina, un encuentro a solas y a oscuras, sin las luces, las cámaras y la acción que, no solo en el cine porno, obligan a los actores al postureo y la sobreexcitación.

Sentados estaban ayer los dos en el Congreso, Pedro y Pablo, expuestos al escrutinio de aquella opinión pública ante la que la nueva política y la democracia real -Podemos, con todas sus letras y sus títulos nobiliarios- se comprometió a retransmitir cada uno de sus movimientos por los pasillos y los despachos en los que después de unas elecciones se suele negociar el futuro y el reparto de la nación.

«Sentémonos usted y yo, y pongámonos a trabajar» es una proposición indecente, la enésima prueba de la opacidad con que se han manejado el PSOE y Podemos durante un proceso que nunca fue negociador, sino de desgaste mutuo, y en el que cada cual ha ido a sacar el máximo beneficio electoral, unidos por el objetivo compartido de hacerse las víctimas de una ambición recíproca.

Impropias de su soberbia y su mal perder, las súplicas de ayer de Pablo Iglesias responden al guión de una denuncia por maltrato -falsa o fundada; Vox dirá- que será el eje de la previsible campaña electoral a la que conduce tanto desprecio acumulado.

En cartel desde hace ya cinco meses, el vodevil que protagonizan Pedro y Pablo no solo es el prototipo parlamentario y de salón de lo que pudiera ser un gobierno dinamitero y de explosiones incontroladas, un monumento pirotécnico a la fugacidad política, sino un avance informativo sobre los efectos de la regeneración que anunciaron los nuevos partidos.

Tanto montan, montan tanto, Pedro y Pablo o Albert y el otro Pablo, a mano derecha. Confeccionada a partir de reproches, desengaños, lloriqueos, desquites e incluso consultas al público -«inscritos» en el argot de Iglesias-, la farsa que han dirigido los líderes del Partido Socialista y Podemos es un libro abierto y expuesto a su adaptación o plagio, Manuel Cruz puede echar una mano, por parte de las fuerzas de la derecha, cuyos líderes guardan una simetría casi exacta con sus pares de la izquierda.

Si vamos a elecciones, se prorroga la función. Si se forma gobierno, también, pero con más luz, más cámaras y más acción.

Jesús Lillo ( ABC )