VASELINA A MANSALVA PARA EL COMITÉ FEDERAL DEL PSOE

A pesar de los deseos manifestados en su carta por Emiliano García-Page, los Reyes Magos debieron de hacer este año su largo viaje desde Oriente cargados de vaselina destinada a los miembros del Comité Federal del PSOE.

El barón castellano-manchego empleó esta descriptiva metáfora a comienzos de diciembre, en plena negociación de los acuerdos de investidura, para referirse a la posibilidad de que los independentistas impusieran a su formación unas condiciones inaceptables por humillantes.

Todavía estaba el candidato del puño y la rosa en la fase preliminar de esas conversaciones, por lo que era lícito soñar con un pacto honorable, compatible no solo con el marco constitucional vigente, sino con las invocaciones patrióticas del propio gobernante con despacho en Fuensalida

 y de sus compañeros de Extremadura, Andalucía o Aragón. A la luz de lo ocurrido desde entonces, es evidente que quienes temían una rendición de su líder ante el separatismo habrán recurrido a grandes dosis del citado lubricante para superar el trance.

Porque lo cierto es que Pedro Sánchez aprobó con nota el pasado sábado el examen de su sanedrín, sin más que un tímido recordatorio de que nuestra Carta Magna impone límites a lo que un jefe de Gobierno puede conceder a sus socios. Una obviedad cuya mera mención indica la gravedad que alcanza la situación dentro del Partido Socialista, entregado a un dirigente dispuesto a todo con tal de seguir en el cargo. Por mucho menos que lo acontecido en las últimas ocho semanas, el mismo órgano que hoy le aplaude lo defenestró en 2016.

Desde que García-Page expresara sus recelos de manera tan «elegante» ha llovido mucho en España y no precisamente para bien. Sánchez ha agachado la cabeza ante el inhabilitado Torra, a quien ha ofrecido más de cuatro mil millones de euros en inversiones, cual tributo de sumisión, mientras se niega a pagar los dos mil quinientos que debe por el IVA a las demás comunidades autónomas, incluidas las «suyas».

Ha comprometido una mesa bilateral de diálogo entre los ejecutivos español y catalán, en un plano de igualdad, con representación de Podemos y Esquerra y una agenda encabezada por el reconocimiento del (presunto) derecho de autodeterminación, la convocatoria de un referéndum y la liberación de los condenados en firme por los delitos de sedición y malversación perpetrados en 2017.

En su empeño por «desjudicializar el conflicto» que hasta la celebración de las elecciones era un «enfrentamiento entre catalanes», ha colocado en la Fiscalía General del Estado a su ministra de Justicia, sin guardar siquiera la apariencia de imparcialidad inherente al cargo, con la finalidad evidente de presionar a los miembros de dicha carrera para que «se manchen la toga con el polvo del camino», según la expresión empleada por Conde Pumpido para justificar los enjuagues que acompañaron la infame negociación de Zapatero con ETA.

Ha mirado hacia otro lado ante el monumental escándalo de corrupción conocido como «caso de Miguel», que salpica de lleno al PNV y ha llevado a la cárcel a varios de sus dirigentes por el cobro de comisiones a cambio de contratos públicos.

Él, tan sensible a esas sentencias cuando afectan al PP, no tiene el menor empacho en aceptar los votos manchados del nacionalismo vasco ni la abstención de los herederos de ETA, a quienes permitió insultar al Rey en el debate de investidura sin un reproche de la señora Batet.

Querido presidente Page, hace falta mucha vaselina para no romper el carné.

Isabel San Sebastián ( ABC )

viñeta de Linda Galmor