VENEZUELA, ¡ OH DOLOR !

Lo de Venezuela, ¿ha sido un golpe de Estado, una sublevación popular, un montaje yanqui, un nuevo pulso entre Moscú y Washington para el control de Iberoamérica? Puede ser cualquier de esas cosas, o todas ellas juntas, pero, ante todo y sobre todo, es un disparate, una aberración, una bofetada a la lógica, a la física, a la economía, a la ética y, si lo quieren, a la estética.

Que en uno de los países más ricos del mundo, si no el que más, al estar sobre un inmenso lago de petróleo, la gente se muera literalmente de hambre, que falten las medicinas, que falle la luz y tantas otras cosas, que los venezolanos huyan a los países vecinos y, los que pueden, lo más lejos posible, cuando antes era justo lo contrario, que, en fin, escasee incluso la gasolina, no puede producir más que pasmo y horror, como nos ocurrió a todos al ver el reportaje fotográfico en ABC de nuestros colegas Jorge Benezra y Álvaro Ybarra Zavala. Sencillamente, no se explica, o se explica por una razón de la que nadie hablar y quiero hablarles.

Es verdad que Venezuela no ha sido un ejemplo de buen gobierno, sino más bien lo contrario. Bajo los regímenes anteriores, la corrupción, el derroche y las desigualdades sociales eran grandes. Pero la gente no se moría de hambre. Ni faltaban las medicinas. Ni en los quirófanos, la luz eléctrica.

El petróleo daba para todos con las debidas distancias: mucho para los de arriba, poco para los de abajo, pero las necesidades elementales estaban cubiertas. El chavismo vino a traer justicia e igualdad social, con la fanfarria acostumbrada. En cierto modo, se ha repetido el caso de Cuba, cuando Fidel bajó de Sierra Maestra para hacer lo mismo.

Pero más de medio siglo después, Cuba sigue dependiendo de una gran potencia, Rusia en vez de Estados Unidos, las desigualdades entre dirigentes y dirigidos son mayores que en el capitalismo y la isla es el prostíbulo de los europeos, en vez de los norteamericanos. Exagero, lo admito, pero el cuadro general es ése. Con una importante diferencia: la libertad personal ha desaparecido.

En Venezuela ha ocurrido lo mismo, solo que acelerado por la velocidad que ha adquirido la historia. El chavismo se ha consumido en años como el castrismo en décadas. ¿Por qué? Por coartar la iniciativa personal, que es el gran motor de la riqueza y el progreso.

Por crear una falsa igualdad entre la nomenclatura del partido y la gran masa. Por imponer la peor de las corrupciones: la de una ideología sobre todas las demás. Eso ya lo predijo en 1944 Von Hayek en su libro Camino de servidumbre. Pero que el hombre tropieza no dos, sino cien veces en la misma piedra lo demuestra que siguen los intentos hasta nuestros días.

Los gurús económicos de Chávez fueron Monedero y compañía, que le asesoraron y ahora intentan imponer el modelo en España. ¿Tiene remedio? Me he quedado sin espacio e intentaré explicárselo mañana. A lo de Venezuela me refiero, porque para lo de España necesitaría un libro.

José María Carrascal ( ABC )

meme de Linda Galmor