VICTIMA

Uno de las trastornos colectivos más puramente contemporáneos que padecemos es el de la victimación. Escandalosa, postulante, insistente, sablista… Casi todos queremos ser, o nos hacemos, o nos tenemos por víctimas alguna vez. En general, con ello pretendemos reclamar lo que sea.

Con furia, con modos exacerbados, con rigurosa pasión. Como decía Bruckner, una vez que la clase obrera ha perdido su papel mesiánico y ya no representa a los oprimidos, todos uno por uno llegamos a gritar en algún momento como consigna: «¡Los nuevos parias de la tierra… soy yo!».

El victimismo (prefiero decir «victimación», aunque el palabro no exista), es una excusa de eficacia insuperable. Una justificación que, llegado el caso, permite incluso asesinar y convertir el propio delito alevoso en eximente.

Ángela Vallvey ( La Razón)