Victoria pírrica

Poco dura la alegría en casa del pobre», dice el refrán. Poco duran las victorias alcanzadas por la puerta trasera, podríamos decir. No se habían apagado los aplausos a Sánchez como nuevo presidente y ya le estaban pasando factura quienes le auparon: Iglesias pide hombres suyos en el gobierno, los secesionistas catalanes le emplazan a negociar «de gobierno a gobierno», como dijo Torra al tomar posesión el suyo, y cinco partidos presentan recursos contra los presupuestos que heredó del PP y él asume.

Lo que significaría inestabilidad política y económica. Aunque ¿qué esperaba, que le dieran su apoyo gratis? Las 22 formaciones que le llevaron en andas a la Moncloa sólo estaban de acuerdo en una cosa: en echar a Rajoy. En el resto, mantienen posturas no ya distintas, sino en muchos aspectos opuestas. En dos asuntos en especial, claves ambos: el territorial y el económico. Los secesionistas le han dado su voto para que saque de la cárcel a sus líderes y negocie con ellos un referéndum de autodeterminación, sin tener en cuenta que existen procesos judiciales en curso y que ese referéndum viola la Constitución.

Mientras la izquierda, en su papel, quiere abolir la reforma laboral, aumentar el gasto público y subir los impuestos, lo que significaría, no ya detener el crecimiento, sino cargarse lo alcanzado en los últimos años. Sánchez intenta torearles con melosidad y literatura: «tendiendo puentes», «federalismo», «agenda social», «mayor atención a mujeres, jubilados y jóvenes», para lo que necesita el presupuesto de Rajoy, que garantiza el crecimiento. De hecho, llega a la presidencia sin programa y la mayor paradoja es que va a depender del PP más que de sus aliados. De ahí sus apelaciones a la «política de Estado», que él raramente practicó y violó a menudo.

«Van a ser unos meses de pin-pan-pun» anunció quien le aseguró la presidencia, el portavoz del PNV, dispuesto a abandonarle si no cumple sus promesas. Como los demás, aunque saben que se exponen a que vuelva el PP. Tal vez los mantenga unidos por algún tiempo, pero no a medida que se acentúen sus diferencias. El PP podría ponerle ya en un aprieto cargándose el presupuesto en el Senado, donde tiene mayoría absoluta. Pero no creo que lo haga, porque es su presupuesto y es el que necesita España. Además, ya se encargarán los demás de hacerlo.

Para resumir, en vez de más estabilidad, tendremos menos, y en vez de Rajoy en la Moncloa, tendremos a Sánchez, Iglesias, Puigdemón, Urkullo, etc., etc. Es lo que han conseguido sus rivales naturales y aquellos de su partido que se han ensañado con él. Pocas veces se habrá visto tanta cortedad de miras. A eso se llama una victoria pírrica, que no es por la mínima, sino la que lleva a la derrota final, como la de Pirro, rey del Épiro, que se desgastó tanto en su lucha con los romanos, que perdió su reino. Yo me contentaría con que se diesen cuenta, no ellos, que nunca lo reconocerán, sino los españoles cuando empiecen a añorarle.

José María Carrascal ( ABC )