VIEJOS LÍDERES

El mano a mano González-Rajoy en el Foro La Toja fue peculiar por diversas razones. La primera, porque en un momento en que se jubila a profesionales en «prime time», la mirada se vuelve en política hacia personas que han hecho cuanto tenían que hacer y sólo pueden ofrecer su experiencia.

Claro indicio de la desconfianza general hacia las nuevas generaciones, con las que ambos son «como mínimo, Winston Churchill», bromeó González. Fue la gracia andaluza frente a la ironía gallega, siempre en el más exquisito trato, que tanto se echa hoy en falta.

Alguno argüirá que lo tuvieron más fácil, lo que no es cierto. A Felipe González le cayó encima la tremenda tarea de enviar a Marx a las bibliotecas, auténtico sacrilegio en el PSOE, que casi le cuesta la Secretaría General y de hecho la perdió durante 24 horas, mientras Rajoy tuvo que cargar con todos los errores cometidos por anteriores líderes del PP, empezando por ceder soberanía por votos nacionalistas, que tan caro hemos pagado.

Coincidieron mucho más que discreparon, empezando en que, tras las cuatro elecciones en cuatro años sin llegar a ninguna parte, es necesario alcanzar pactos «aunque sean incómodos», para evitar que la incapacidad de gobernar convierta la política española en un tiovivo que da vueltas y más vueltas sin moverse del sitio. Fue la única recomendación, más que consejo, que dejaron caer sin muchas esperanzas de ser escuchados.

¿Por qué? Porque la escena política española ha cambiado con la irrupción de nuevos partidos, lo que fracciona el voto e impide formar mayorías suficientes y estables para gobernar. Algo que sabíamos, pero que nadie se atrevía a decir, porque todo el mundo saludó el fin de bipartidismo y la aparición de nuevos partidos.

De ahí que Rajoy no esté por una reforma de la Constitución ya que, en las actuales circunstancias, puede llevarnos más lejos de lo conveniente. «Muchas veces es mejor no tomar ninguna decisión», advirtió cauto. «O sea, que la decisión es no decidir», apostilló González, risueño.

El Mihura era Cataluña y ambos lo lidiaron con las debidas precauciones y sutiles diferencias. González mostró preocupación porque un problema de esa envergadura política se haya dejado en manos exclusivas de la Justicia. Con lo que se aproxima a la tesis de los socialistas catalanes e incluso, lejanamente, a la de los nacionalistas.

Mientras Rajoy advierte que cuando andan sueltos los sentimientos, lo único que cabe es aplicar la ley y la Constitución, que es lo que está haciendo el Tribunal Supremo. «Creo que las cosas van a mejor», añadió. En otras palabras, «mejor en manos de los jueces que de los políticos».

En cualquier caso, por el tono, la altura y profundidad, más que un debate fue un intercambio de ideas a la luz de la experiencia. Brilló, sobre todo, la actitud sobre la situación actual española. No por nada Andalucía y Galicia han sido tradicionalmente nuestros mejores caladeros políticos. Los peores se los dejo nombrar a ustedes. Con Albert Rivera campeón de triple salto.

José María Carrascal ( ACB )