¿ VISTA A LA DERECHA ?

Pirro, rey del Épiro, en la costa occidental del mar Jónico, ganó todas las batallas contra los romanos, pero en el esfuerzo dejó tan debilitado su ejército que perdió no sólo la guerra sino también su pequeño reino. De ahí la frase «victoria pírrica», que no significa, como han puesto de moda los cronistas deportivos, «por la mínima», sino triunfar para perder.

A Pedro Sánchez empieza a ocurrirle lo mismo. Llegó a la Presidencia por carambola y se mantenía en ella a base de estratagemas, trampas, atajos, invenciones y, todo hay que decirlo, debilidad de la oposición, dividida e incapaz de presentar un programa convincente.

Pero ya conocen el «no se puede engañar a todos todas las veces, etc., etc.» y su margen de maniobra se hace cada vez más estrecho. Alguien, posiblemente su gurú, debió recordarle otro dicho norteamericano, «si no puedes vencer a tu rival, abrázate a él». Es en lo que está.

Que Rivera cometiera el error de su vida al disputar al PP el liderato de la oposición, lo que redujo los 52 diputados de Ciudadamos a 10 en las últimas elecciones, permitió a Sánchez compensar los que ERC le negaba tras no darle lo prometido: la autodeterminación. Así ha comenzado un nuevo romance en la escena política española, con muy poco de amor y mucho de conveniencia. ¿O es la reanudación de uno viejo?

Por desgracia Cs, nacido contra el nacionalismo y la extrema izquierda, no soluciona, sino que acrecienta los problemas de Sánchez, que necesitaría al PP para estar seguro de no encontrarse en la calle con el colchón a cuestas cualquier día. Y el PP se lo está poniendo muy caro: prácticamente, que rompa con Iglesias y empiece a gobernar con el programa de Rajoy, como ya viene haciendo con su presupuesto.

Suena fuerte, pero asumible para un hombre como él sin principios, sólo intereses personales, siempre que le permitieran seguir gobernando. El problema es Iglesias. Lo tomaría a mal, desde luego, pero ¿hasta el punto de salir del Gobierno y convertirse en «la única oposición de izquierdas»? No lo creo. Iglesias ya no es el revolucionario que quería asaltar el cielo. Está ya en él, y sabe que solo nunca lo alcanzará. De ofrecérsele un pequeño espacio de poder, puede que aceptase, aunque no estoy seguro.

De lo que sí lo estoy es de que la gran maniobra de aproximación entre dos fuerzas que se insultan diariamente, ya ha empezado. Se ve cuando PSOE, PP ¡y Vox! frenan la investigación sobre Felipe González, apoyan la nueva normalidad sanitaria y respaldaron la candidatura de Nadia Calviño (símbolo del anti-Iglesias) a la jefatura de Eurogrupo.

La debilidad obliga a Casado a aceptar pequeños pactos, a Iglesias, a olvidarse de sus impuestos a los muy ricos, y a Sánchez, a mirar a la derecha. Que cuajen está por ver, pero el batacazo que según el FMI nos vamos a dar no distingue colores, afecta a todos y hasta puede traer un poco de razón.

José María Carrascal ( ABC )