¡ VIVA LA SÍFILIS DEL 8 DE MARZO !

Lo sabían. Tenían la información y las alarmas. Le pusieron sordina y bozal a ambas con sus mercenarios de los Medios de Comunicación y sus palmeros de la Administración para autorizar las manifestaciones del 8 de Marzo tal y como los Borgia servían el veneno a sus adversarios: en cálices de oro y vaginas de azabache y seda, en aquella Roma de Alejandro VI en la que había más putas que cardenales, y más cardenales puteros que condotieros sifilíticos.

Sabían que en el akelarre de exaltación de la milicianada feminista y de sus romeros de ambigua masculinidad el Coronavirus se extendería como una venérea desde las palanganas de los burdeles hasta los bidés de palacio, desde las braguetas proletarias a las ingles de la aristocracia gubernamental.

Lo sabían, pero había que celebrar la apoteosis del feminismo sans culotte a toda costa, tan deprisa como Rajoy amnistió a centenares de asesinos de ETA y tan rápido como Zapatero disolvió la investigación del 11-M y llenó España de inmigrantes ilegales a los que les concedió pensión vitalicia, Seguridad Social y vivienda de protección oficial como premio a sus travesías en patera porque “la tierra no es de nadie, salvo del viento”; sobre todo en España donde la tierra es de las flatulencias de la izquierda.

Ese viento intestinal expandió el Coronavirus el 8 de Marzo a lomos de rimas estúpidas, ripios de patio de colegio y consignas para consumo de lobotomizados por cuarenta y cuatro años de terapia democrática.

Cuando el akelarre terminó, sus bacantes regresaron a sus casas solas y borrachas. Borrachas de Coronavirus, como los enemigos de los Borgia regresaban a sus palacios borrachos de veneno. Las urnas y el Parlamento llevaron al Gobierno la epidemia de sífilis socialcomunista y de lepra separatista.

Ellos y sus vaginas feministas del 8 de Marzo nos trajeron la pandemia del Coronavirus. Más de cuarenta mil muertos se amontonan sobre los escombros de su incuria y en las ruinas de la Patria

¡Qué más da! Como bien les enseñó Stalin “un muerto es una tragedia, un millón es estadística”. Por eso el Presidente del Gobierno, cuando le muestran la lista del carnicero, grita “¡Viva el 8 de Marzo!”.

 No hace falta ser médico para diagnosticar que Pedro Sánchez es al Coronavirus lo que el coño de la Bernarda a la sífilis.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )