VIVIR CON MIEDO

Estos próximos días una gran parte de nuestro territorio nacional avanzará hacia lo que nuestro Gobierno denomina la fase uno de desconfinamiento, un paso más hacia la nueva normalidad.

Como bien dice el término, una «nueva normalidad» no significa recuperar lo que teníamos hace ya ocho semanas, y esto se debe a un sentimiento que no nos impuso nuestro Gobierno, ni las autoridades europeas, ni la OMS, sino el propio virus. Un sentimiento llamado miedo.

No existe mayor enemigo de nuestra libertad que el miedo. Dictaduras, tiranos y sistemas totalitarios han hecho uso de él para perpetuarse en el tiempo, pero en esta ocasión lo ha impuesto un enemigo invisible llamado Covid-19.

El miedo es el gran protagonista de esta nueva normalidad, una normalidad que limita nuestra libertad por el mero hecho de obligarnos a vivir con él. Hasta cierto punto da lo mismo lo mucho que avancemos por las fases de desconfinamiento, porque no volveremos a ser libres hasta que se encuentre una vacuna o un tratamiento eficaz contra la amenaza del virus.

Es muy triste ver los muros invisibles que ha levantado el Covid-19. Unos muros que limitan la necesidad humana de manifestar y vivir nuestros sentimientos. Una necesidad que representa la esencia más pura de nuestra idiosincrasia como especie.

El ser humano entra en una nueva normalidad sin abrazos, sin caricias, sin poder pasear de la mano de nuestros mayores por el miedo a contagiarlos. Esta fotografía que tomé esta semana muestra la nueva normalidad a la que todos nos enfrentamos.

Una fotografía en la que una niña y su abuelo representan el mar de sentimientos de toda una sociedad encorsertada por la distancia social y que espera ansiosa la llegada de una cura contra el virus para poder volver a vivir y sentir en libertad.

Álvaro Ybarra Zabala ( ABC )