Resulta esclarecedor comprobar los posicionamientos de unos y otros ante los sucesos que están ocurriendo en Cádiz. Primero, debemos hacer un pequeño croquis de la situación de esta provincia para juzgar con mayor certeza lo que está ocurriendo.

Desde la desindustrialización fruto de la entrada en la Comunidad Económica Europea, Cádiz atraviesa una época de depresión donde las tasas de paro están desbocadas, paliándose parcialmente con la ocupación estacional en temporada estival.

Esta situación, provoca calamidades que conducen al surgimiento de la delincuencia, existiendo “narcopueblos” como la Línea de la Concepción, por dónde accede la droga y el contrabando desde Marruecos y desde Gibraltar.

Este último, infame peñón, tiene ahogada a nuestra flota pesquera, prohibiendo a nuestros barcos faenar en nuestras propias aguas territoriales. Todo este proceso conlleva unas altísimas cifras de paro, de las que también se nutre Gibraltar para ocupar los puestos de trabajo que necesitan con mano de obra española. Esta zona ocupada, no solo constituye una vergüenza nacional, sino también parte del problema de las malas condiciones de vida para miles de españoles.

Ante esta descarnada situación ¿Cómo no van a batallar nuestros obreros gaditanos? Yo, por lo menos, no discuto la legitimidad de cualquier trabajador para luchar por ser tratado con justicia, utilizando los medios que están a su alcance.

Los voceros del régimen siempre esgrimen el mismo argumento, “no es legítimo el uso de la violencia”, “la gente que no puede desplazarse por culpa del los cortes de tráfico de los huelguistas no tiene la culpa”. ¿Es legítimo el uso de la violencia para atacar a lo justo? ¿Tienen la culpa los trabajadores de percibir salarios de miseria? ¿A caso la tienen las familias de esos trabajadores cuando pasan calamidades?

No podemos esgrimir el argumento liberal de la individualización de los problemas sociales, puesto que constituye un arma para el explotador, abandonando a su suerte al que lucha por lo que es justo. No podemos seguir el juego a los defensores del sistema, cuando abogan por usar cauces “legales” y “moralmente aceptables” para mejorar la vida de los desposeídos. Votar, está más que comprobado, no cambia absolutamente nada.

A derecha e izquierda se han cometido verdaderos asaltos contra loos derechos del común de los trabajadores en España. Esto no hace, sino demostrar empíricamente una vez más, que esta dicotomía es una quimera y que solo sirve para lanzar a unos españoles contra otros. Hoy por hoy, no existe alternativa al liberalismo político en las instituciones, ya que cada uno de los ocupantes de los puestos de administración del Estado trabajan al servicio del libre mercado y del capitalismo internacional.

Un grupo de trabajadores no puede recurrir a la huelga pacífica para según qué cosas, ya que como todos sabemos y el propio espíritu de las leyes laborales demuestra, la posición de poder del empresario deja a merced del mismo los intereses de ese conjunto de trabajadores.

Lo triste de todo esto es que un trabajador solo es escuchado cuando recurre a quemar contenedores o bloquear carreteras. Lo que ya resulta burlesco, es que los supuestos paladines de la defensa de la clase obrera, están lanzando a la Policía contra los huelguistas, sin ningún tipo de condescendencia, utilizando hasta BMRs contra ellos.

Ha sido un argumento muy utilizado por muchas personas estos días, pero no por ello hay que dejar de repetirlo; no se utilizó esta contundencia policial contra los traidores que rompieron España, pero sí contra aquellos que luchan por lo que objetivamente es justo.

Una vez más, la izquierda, estafadora, tirana y antiobrera, machaca a los trabajadores con la mayor de las violencias, tal y como hizo en Casasviejas en 1933, o durante la inefable y mal llamada “reconversión industrial” durante los años 80 y 90.

Los bravos obreros del metal gaditanos tienen que soportar, con hispano estoicismo, como los mismos políticos que componen el Gobierno “más social de la historia” dan la callada por respuesta, o incluso, continúan con el juego de situarse en una oposición ficticia mientras ocupan las más altas magistraturas del Estado, mientras lanzan porras y pelotas de goma contra ellos.

Estos numantinos trabajadores también tienen que soportar como, los que dan una de cal y otra de arena, esos que hace unos años eran el antifa vividor de la Complutense y ahora son todo un señor Diputado, aleccionan al Gobierno sobre la reindustrialización, mientras abogan por el ecologismo 2030 que propone erradicar la industria en pos del Medio Ambiente.

Esto es como si se denuncia la falta de un Plan Nacional por la Salud Mental y a la par se defiende la legalización de la marihuana. Bravo Errejón, eres un perfecto izquierdista, un puñetero hipócrita. Lo grave es que mientras te la pasas diciendo sandeces, están inflando a palos a padres de familia que solo quieren llevar, dignamente, el pan a sus hijos.

Por el vértice derecho, vemos lo de siempre. Un PP que pasa del tema porque, como buenos liberales, están en contra de todo lo que signifique dignidad y condiciones laborales óptimas. Vox, como siempre en misa y repicando. Utiliza su Sindicato para “apoyar” a los trabajadores gaditanos, pero como mera arma arrojadiza contra el Gobierno.

Sería interesante que sus miembros se presenten en los piquetes y que los abogados de Vox asuman la defensa de los obreros que sean imputados, por cualesquiera sean los delitos que se les adjudiquen fruto de su lucha legítima. Esperemos, que no sea como siempre, que no se utilice una causa justa para un beneficio político espurio.

Las condiciones laborales solo mejorarán cuando florezca en España una industria potente, que, acompañada de una estricta legislación laboral, que otorgue a los obreros españoles la dignidad y el poder adquisitivo necesarios.

El Estado debe invertir en esa reindustrialización, siendo el director de la misma, a través de fórmulas que ya han funcionado en el pasado. Los derrotistas dirán que las arcas están vacías. Vacías no están, están raquíticas y lo poco que queda en ellas, malgastado en chiringuitos ideológicos y autonómicos.

Lo que reste se lo dejamos al ingenio español, que supo levantar una patria aniquilada quemando gasógeno.

Todo el apoyo y ánimo para los espartanos de Cádiz. Sois el ejemplo de la Voluntad de Acero.

Alejandro Mille ( El Correo de España )