VOSOTROS, FANÁTICOS

Imaginad que vuestras creencias fueran falsas, vuestros dioses monigotes, vuestra moral la verdaderamente enferma. Imaginad eso en vuestra mente en la que no cabe imaginar nada salvo lo que ya está allí, petrificado como el ángel de una tumba, como el caparazón muerto del insecto milenario que os habita y os posee. Imaginadlo y contemplad entonces vuestros actos: el sufrimiento, el dolor y la muerte en su inmensidad de ahogo e irreparabilidad. Luego, juzgadlos con lo que os quede de seres humanos, si queda algo después de quitaros la costra que os mantiene de pie como sobre vuestros excrementos, sobre ese saco de tripas y escarabajos a través del que veis sólo manchas de ejércitos y dioses y patrañas y hierros clavados en los libros y en los cielos y en los huesos, como el test de Rorschach de vuestra alma extraída igual que una muela podrida, inútil.Imaginadlo, fanáticos.

No sé a quién le hablo, a quién le escribo. Creo que esta reflexión ya la hizo alguien antes. Algún sabio que no recuerdo ahora. No puedo recordar, apenas puedo escribir porque tengo arena en las manos y en los ojos y en la boca y en la sangre, la sangre que siento ahora como un cereal hecho de otra gente y de otro lugar; una sangre de familia, la de Barcelona y sus muertos y sus heridos y sus lágrimas con el mismo color que tenemos por dentro. Eso es lo que gotean los seres humanos, lágrimas rojas, sangre llorada, vida que se escapa de su granero; eso es lo que sale cuando matáis por vuestros dioses que odian como odiáis vosotros, ni más ni menos. Eso es lo que cualquiera vería, menos vosotros, fanáticos.

No sé a quién le hablo, a quién le escribo. Los dioses están sordos, más aún los hombres que los siguen como a cabreros. A quien le hablo no me escucha, y quien me escucha está a mi lado ahora, llorando sin serenidad, como los niños, o con templanza, como el padre, pero llorando. No tengo que decirle nada porque ya lo sabe, el ser humano lo sabe. Pero a los que están frente a mí les grito igual que se grita en sueños, aunque no se oiga nada. Os grito, fanáticos, para deciros que frente a vosotros está el ser humano, la verdad, el bien, la fortaleza, la civilización, la justicia. Y la carne inmortal de los que matáis sin que podáis matar su alma, ni el alma de los demás hombres, encadenadas todas como en lazos hechos por hadas, de una manera fuerte e invisible. Os grito a vosotros. Si no me oís ahora, lo haréis tarde o temprano. Sabedlo, fanáticos.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )