Si para defender unas ideas políticas tienes que ser guerrero, o muñeco de ping-pang, esto no es Democracia ni existe Estado de Derecho. Podrá llamarse ‘Elecciones’, pero es una pantomima, un carnaval o la caza del zorro. Eso sí, la libertad no es un derecho, sino una conquista.
Entiendo que el poder puede acabar con los derechos de la persona y de sentirse libre. La violencia también. La dificultad o las revueltas callejeras no deben ser obstáculos insalvables para luchar ante la injusticia que provocan grupos de desalmados y sus dirigentes que lo permiten.
Ataques cobardes y agresivos a la persona, con lanzamientos de piedras, y todo tipo de material a la cabeza de los dirigentes y organizadores de actos del partido de Vox. El precio de la palabra en esta Cataluña no es para todos igual. No es fácil, pero si lo fuera quizá no serían imprescindibles líderes políticos de raza cómo Abascal.
En esta recta final de la campaña electoral catalana preocupa más saber cuando va a ocurrir algo irreparable que descifrar los resultados de los comicios del domingo 14-F. Cada día se producen tumultos que provocan grupos separatistas violentos a la caza de Vox.
Se trata de acoso y derribo a Santiago Abascal, al precio que sea y con el beneplácito de las autoridades catalanas, que hacen la vista gorda o no perciben el salvajismo de muchos de estos CDR, ultras y delincuentes republicanos separatistas que no se toleran ni a ellos mismos.
Por su parte, Pedro Sánchez se puso el mono de trabajo, que es vestir de vaqueros, camisa a cuadros y rebeca al uso. Un traje de faena, que mira por donde, aparece solo en la búsqueda de votos. Indumentaria que recuerda a la tournée del Peugeot – 407, allá por octubre de 2016.
Mientras Abascal, que debía ataviarse con coraza antidisturbios, inspirado en Rambo, se decanta por ir con cazadora, a pecho descubierto y sin casco protector. Eso sí, con habilidad y perseverancia para esquivar todo tipo de agresiones en las algaradas de estos grupos totalitarios y desaprensivos ante la pasividad policial.
Completa este desfile de adversidades; el virus. Una pandemia con las máximas incidencias que no ha logrado aplazar esta convocatoria electoral, y que obliga a celebrarse hasta con trajes de protección EPI’s en la mesas, por temor a contagios.
El bis-presidente Sánchez (PSOE-Gobierno), ya husmeaba al inicio de la campaña unos preliminares moviditos cuando dijo, ‘qué todos irían contra Illa’, demostrando ser perfecto conocedor de sus propias tropelías, ágiles movimientos y oscuros proyectos.
El ex-ministro de Sanidad peor no pudo gestionar la pandemia y en ningún momento controló su propio gabinete ministerial. El resultado, más de 80.000 muertos cómo consecuencia del virus y la nefasta ineptitud e inacción de Salvador Illa, al alimón con su colega ministro de Derechos Sociales Pablo Iglesias, y con el puntillero director de Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, que complementa la terna. Una trilogía de ‘expertos’ inexplicables.
‘El calculator’ Iván Redondo, asesor aventajado del Gabinete de Presidencia, debió mirar al horizonte, percibió las próximas elecciones catalanas y aprovechó la reprobable popularidad del filósofo y lo encajó, desplazando al veterano Miquel Octavi Iceta.
La duda para los catalanes no es difícil plantearla. Si Illa es un notable fracasado cómo ministro, ¿Cuáles serían sus éxitos en la Generalidad de Cataluña?. Aquí las aguas políticas van turbulentas, desbocadas y hasta peligrosas para el progreso de los catalanes y la integridad de España. La creatividad, resolución e impronta del candidato a la presidencia de la Generalidad sanchista por el PSC va al ralentí en un circuito de alta velocidad.
Los disturbios continuos en Cataluña exigen gestión de fondo, sensibilidad diplomática y decisión política. Es decir, dar razón a la Democracia, transmitir a España y Europa una sociedad política y civilizada.
Y por fin, es imprescindible gestores políticos que distingan entre intereses partidistas y personales frente al bienestar social catalán, e integración pedagógica, social, económica y cultural junto al resto del país.
Son unas elecciones más en una Comunidad dentro del Estado de las Autonomías, pero estas de Cataluña aparecen con tendencias ‘prét-á-porter’. En unos tiempos que tenemos menos salud, somos más pobres y nos quitan la libertad.
¿Qué más puede ocurrir?.
Anián Berto ( El Correo de España )