En Madrid fue Ayuso y en León y Castilla ha sido VOX quien ha puesto de hinojos a la izquierda y a sus mamporreros de C,s. El PP ha ganado cuantitativamente las elecciones. Victoria digna de Pirro de Epiro, con la calderilla de dos escaños más, sólo dos más, sobre los que    ya tenía.

Victoria sin alas ni laureles que no lleva en su fanfarria la soberanía de establecer su fuero, por mucho que la orquesta genovesa sople las gaitas de la épica electoral bajo la batuta del soplagaitas de Casado con partitura del soplagüitos de Teodoro.

La victoria no solo cualitativa, también cuantitativa pues multiplica por trece su hueste en las Cortes de León y de Castilla, es la de VOX. Victoria electoralmente inédita laureada, además, por la inquina que ha rodeado la campaña de VOX: candidato ignoto, silencio mediático, solo roto para abrir el vademecum de la injuria y el insulto a VOX, y exclusión de sus candidatos de los debates televisivos.

El todopoderoso Sistema y su totalitario Aparato, en contra, y el pueblo, a favor. No es una metáfora, es la realidad de España que la izquierda, los separatistas y el PP temen. Por eso la quieren lacerar, ya que no la pueden derrotar, con sus estúpidas alarmas antifascistas y sus ridículos mohínes de asquito a la ultraderecha.

El pobre Mañueco está en una encrucijada cuya resolución sólo necesita dos ingredientes: valor personal y lealtad a la derecha sociológica leonesa y castellana, que le ha dejado en las urnas el cuaderno de bitácora con lo que quiere que haga con sus votos.

Si vuelve grupas y no atiende el mandato plebiscitario de León y de Castilla por obedecer mansamente a los cipayos socialistas del PP, a la vuelta de las próximas urnas le estará esperando Vellido Dolfos.

Comoquiera que el PP vale menos que la palabra de un sarraceno y su compromiso tiene menos quilates que la de un pirata berberisco, Juan García Gallardo debería arrodillar en Santa Gadea a Mañueco después de negociar con él, para rubricar el pacto con la Cruz, la Espada y el Arado que es como León hizo a Castilla, y Castilla a España.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )