Con las encuestas de cara, con la infravaloración del voto en las mismas que es tradicional, con el  precedente de Castilla-León, con Macarena Olona… el estado mayor de VOX y sus asesores de campaña creían que solo había que dejar el tiempo fluir. Básicamente, no cometer errores.

Ahora bien, tras los resultados de Castilla-León, las elecciones andaluzas tienen un valor sobreañadido por la coyuntura, por el peso electoral que ya de por sí tienen estos comicios, por lo que está en juego en la izquierda y por el comportamiento de patrón extrapolable al 75% de las provincias de cara a unas generales.

El problema de VOX, a la hora de definir sus campañas y su estrategia, es que sigue viviendo preso de las dos caras de Jano. Su estrategia actual se ciñe a conseguir entrar en los gobiernos del PP en las autonomías para hacer de ello algo aceptable, normalizado, para las próximas generales.

VOX no quiere, ahora, entrar en confrontación con el PP, quizás porque parte del partido sigue en el respeto reverencial al PP o se dejan llevar por el discurso habitual de las “buenas gentes bien de la derecha” que lo condiciona. Así, por ejemplo, rehuye el choque en Madrid, directo o indirecto, y se conforma con quedarse como está, pero Ayuso no hará gobiernos de coalición que no necesitará tal y como predicen las encuestas.

Confiaba VOX que en Andalucía se repitiera la jugada de Castilla-León ante un candidato tan “pasteloso” como Moreno Bonilla, todo ello sin necesidad de molestar al PP. Creían que con el “efecto Olona”  (un acierto porque VOX carece en muchos lugares de cuadros de peso) bastaría para impulsar la movilización silenciosa, pero sujetando a Olona y su verbo tan temible como convincente.

Nada pues de una campaña masiva, incluso incluyendo descanso de amplio fin de semana porque según el tópico del centroderecha la gente se va de “finde”. Pero, frente a ello, hay que recordar que las campañas de movilización han sido el punto fuerte de VOX.

Cabría decir, visto lo visto, que, de todos los caminos posibles, el “equipo” ha escogido el peor, porque pensaban que todo estaba hecho y que, en todo caso, el crecimiento que se iba a obtener cubriría cualquier resultado. Pero…

A 9 de junio algo ha crujido dentro del “estado mayor”, sobre todo tras los errores de planteamiento en el ya famoso debate a seis televisado a toda España. El síndrome de Jano pudo con VOX, porque, entre otras cosas, en Andalucía no hay posibilidades objetivas de que la izquierda pueda gobernar, ni recurriendo al doctor Frankenstein. Lo que diluye el efecto anti izquierda en un duelo que en realidad es entre el PP y VOX; porque el trabajo de eliminar a la izquierda no lo logra el PP sino VOX.

En el PP, Casado primero y Feijóo después, conocen perfectamente el punto débil de VOX, su pleitesía a Jano, y por ello el objetivo marcado desde Génova es obtener más diputados que toda la izquierda junta y poner a VOX contra las cuerdas, obligándole a dejar paso a un gobierno en minoría. Después es cuestión de pactar ley a ley, donde sería más sencillo el apoyo del PSOE como sucede en el parlamento nacional con los apoyos que salvan las leyes de Sánchez.

Eso es lo que VOX no ha sabido leer correctamente y lo que su equipo de campaña y comunicación no ha preparado. Más allá de las ensoñaciones, lo cierto es que VOX no supera en las encuestas el techo del 16/18%, insuficiente, aunque impresionante, para ser imprescindible para el gobierno de Andalucía.

VOX ha olvidado que esos puntos que le faltan o que tiene que conservar se ganan o se mantienen en la campaña. Contaba con la ventaja de que todos los demás buscaban la campaña de medios, casi para los suyos, y que el PP optaba por la táctica Feijóo… y no sé si valoraban la amplia desventaja mediática en que se iban a mover por la decisión de respaldar sin fisuras, desde muchas esferas, a Moreno Bonilla. Creo que han desaprovechando los huecos que dejaban sus rivales en la primera parte de la campaña. Lo han hecho pese a contar con una candidata altamente capacitada.

Por lo que hemos leído parece que se apresuran a rectificar, por lo que es posible que desembarquen en tromba en Andalucía repristinando la campaña.

Quizás hayan percibido que VOX está en una horquilla de intención de voto del 15% al 20%, demasiado amplia. Un 5% que pende de la capacidad de movilizar y de ganar papeletas en las bolsas de indecisos que pueden acabar en la abstención, que necesita, según su táctica de nichos, propuestas rotundas que les lleven a las urnas y que Macarena Olona sea Macarena Olona.

No es el ser o no ser, pero se le parece, porque no es lo mismo tener una vicepresidenta de peso político -no como en Castilla-León- que no tenerla. Sobre todo porque el peso de Jano les impide ser oposición al PP, si a ese papel quedan relegados y por tanto autoneutralizados.

Francisco Torres ( El Correo de España )